La guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán y el consecuente cierre del Estrecho de Ormuz le ha creado un gran dilema al gobierno dominicano entre si transferir al público el enorme incremento en el costo de la gasolina, o absorberlo a través de una reducción aún mayor en la inversión pública.

Impacto económico del conflicto

Hay antecedentes de choques externos sobre nuestra economía. La gran depresión de 1929 y el ciclón San Zenón; el aumento en los precios del petróleo debido a la guerra de Yom Kippur de 1973-1974; la guerra de Irak de 1979-1980; la década perdida para América Latina de los años ochenta. Más recientemente, durante el 2007-2008, el petróleo subió a US$147 el barril y tuvimos el impacto del Covid en el 2020. Al iniciarse la guerra contra Ucrania en el 2022, el petróleo volvió a subir.

Ambos suman un 75% del consumo de las plantas. Las renovables representan un 18%. Pero la gasolina y el fueloil que importa desde Estados Unidos la mal llamada Refinería de Petróleo, porque ya casi no refina, es a precios de mercado y eso tendría seis grandes efectos inflacionarios:

Consecuencias en el sector energético

1. Posible aumento en el precio de la gasolina, el gas propano y el fueloil, a no ser que se mantengan los actuales subsidios que benefician más a los ricos que a los pobres.

2. El incremento en el precio del combustible para aviones encarecería el costo para nuestros turistas, aunque el mismo sería menor que el de los vuelos a una Europa más lejana, donde los turistas están evitando viajar a un Mediterráneo afectado por la guerra.

3. Parte de la generación de electricidad sigue proviniendo del fueloil y eso aumentaría aún más las pérdidas de las Edes, cuyos precios de venta hace años que están congelados.

4. El costo de los fertilizantes aumentaría, afectando a nuestra producción agrícola.

5. Los fletes marítimos aumentarán, afectando todas nuestras importaciones.

6. El costo de los “conchos” y el metro aumentaría.

Políticas económicas actuales

Desde los tiempos del COVID, la política económica tanto del PRM como del PLD ha sido absorber los aumentos de precios en el sector energético, complementando eso con la emisión de tarjetas de débito que ya benefician a una proporción importante de nuestros adultos.

Ese modelo nos luce ya no sostenible a la luz también de los aumentos en la nómina pública y en los intereses a pagar por nuestra deuda, que superan el 4% que dedicamos a la educación.

Aunque los altos precios del oro ayudan, de ninguna forma compensarán los costos adicionales en el sector energético. Ya hace unos días el gobierno aumentó por primera vez en mucho tiempo el precio de la gasolina, pero apenas en un 2% cuando el costo del crudo subió un 60%. Es obvio que el gobierno debe tratar de aumentar la proporción de nuestra energía proveniente de los recursos no renovables como el sol, el viento y las presas y que no superan hoy un 20%.

Al igual que el caso dominicano, el presidente Trump enfrenta un dilema. Aunque ya es un país exportador neto de petróleo, eso significa que la situación actual beneficia a los ricos que lo extraen y lo refinan, también perjudica a los pobres y a la clase media al aumentar el precio de la gasolina para el consumidor.

Trump podría, pero creemos que no lo hará, establecer un impuesto a las exportaciones petroleras, utilizando esos recursos para subsidiar la gasolina. También podría prohibir las exportaciones petroleras para presionar hacia la baja los precios internos, perjudicando grandemente a los países que hoy dependemos de recursos energéticos norteamericanos.

Dilemas del gobierno dominicano

¿Qué hará nuestro gobierno? ¿Aumento de precios, o más subsidios y menos inversión pública? Mientras tanto, cada día se hace más evidente que la actual guerra no tenía razón de ser, pues Irán no cuenta con un arsenal nuclear, y Rusia, exportador de petróleo, es el país que más se está beneficiando del conflicto.