SANTO DOMINGO. – La prospectiva como eje de articulación estratégica país
La convocatoria a un diálogo nacional frente a la incertidumbre global representa una oportunidad extraordinaria para la República Dominicana. No solo para responder a riesgos inmediatos, sino para dar un paso más ambicioso: construir una capacidad nacional de anticipación estratégica.
Nuestras convicciones nos hacen entender que este no puede ser únicamente un diálogo para reaccionar al presente. Debe ser, sobre todo, un diálogo para decidir el futuro que queremos construir.
Es bien conocido que hoy el mundo atraviesa una transformación estructural marcada por tensiones geopolíticas, reorganización de las cadenas globales de valor, transición energética, aceleración tecnológica e incertidumbre climática. Pero, sobre todo, sabemos que tendremos nuevas situaciones y necesidad de más y mejores diálogos nacionales. En ese contexto, los países que prosperan no son necesariamente los más grandes ni los más ricos, sino los que anticipan mejor.
En tal sentido, me permito ser reiterativo: “la prospectiva no es un ejercicio académico abstracto, es una herramienta de política pública”. Es una muy relevante ventaja estratégica para cualquier país, especialmente para economías con las características de la Dominicana. La prospectiva es por definición un instrumento de soberanía económica.
No un diálogo coyuntural, sino un diálogo de anticipación.
Los diálogos nacionales suelen surgir en momentos de crisis y por coyunturas. Sin embargo, su valor depende de la calidad de las preguntas que seamos capaces de formularnos. Si las preguntas son sobre cómo enfrentamos el impacto inmediato, entonces las respuestas serán tácticas. Pero si las preguntas están alineadas al cómo debe posicionarse la República Dominicana en el mundo del 2036, entonces las respuestas serán estratégicas.
Un diálogo centrado en el presente administra riesgos, mientras que uno orientado al futuro construye capacidades. Por eso este proceso debe entenderse como un verdadero Diálogo Nacional de Anticipación Estratégica.
¿Cómo debería estructurarse este diálogo nacional?
Para que este proceso alcance impacto concreto y realista y que, además, sea trascendente, debe organizarse alrededor de cuatro dimensiones fundamentales: riesgos, oportunidades, escenarios y decisiones estratégicas. No se trata solo de escuchar sectores. Se trata de construir visión país en un entorno incierto, dinámico y cambiante.
Primero: un diagnóstico de vulnerabilidades estratégicas del país.
Todo diálogo productivo sobre el futuro debe comenzar identificando las principales exposiciones estructurales de la economía dominicana frente al entorno internacional. Entre ellas, podemos adelantar: la dependencia energética externa, la dependencia selectiva de importaciones alimentarias, concentración de mercados exportadores, exposición logística al comercio marítimo global, brechas tecnológicas frente a la automatización productiva, entre otras.
Sin un mapa claro de vulnerabilidades estratégicas, el diálogo corre el riesgo de convertirse en una conversación general sin dirección. La anticipación comienza con el diagnóstico.
Segundo: identificación de oportunidades en el nuevo contexto global
El mundo no solo presenta riesgos, también abre ventanas de oportunidades que pueden ser estratégicas. En esta coyuntura y con impacto en el futuro, la reorganización productiva hemisférica, la transición energética, la expansión del comercio de servicios y la relocalización industrial están redefiniendo la economía internacional.
Para la República Dominicana, esto significa oportunidades concretas para, por ejemplo, posicionarse en la tendencia del nearshoring regional, fortalecer la agroindustria exportadora, expandir los servicios globales, desarrollar liderazgo logístico en el Caribe, avanzar hacia una matriz energética más resiliente.
Un diálogo nacional moderno no solo protege al país de amenazas, sino que lo posiciona frente a oportunidades.
Tercero: construcción de escenarios país hacia 2036
El diálogo debe incorporar ejercicios de prospectiva estructurada. Esto implica responder preguntas como: ¿Qué ocurrirá si las cadenas globales continúan regionalizándose?, ¿Qué pasará si la volatilidad energética se mantiene por una década?, ¿Cómo cambiará la estructura laboral con la inteligencia artificial?
¿Qué significa el cambio climático para la seguridad alimentaria nacional?
Los escenarios no predicen el futuro, más bien nos preparan con mayores niveles de certeza para distintos futuros posibles. A fin de cuentas, ese es su valor estratégico y estamos llamados a utilizarlos, aplicarlos.
Cuarto: una agenda nacional de resiliencia económica estructural
Este diálogo debe producir decisiones concretas en áreas clave como: seguridad energética, seguridad alimentaria, diversificación exportadora, logística estratégica, transformación productiva, capacidades tecnológicas nacionales. La resiliencia no se construye reaccionando, esta sin lugar a dudas se diseña anticipando.
Quinto: institucionalizar la prospectiva dentro del Estado
Este debería ser uno de los principales resultados del diálogo. Según las evidencias que conocemos, los países que han logrado navegar con éxito entornos internacionales complejos han desarrollado sistemas permanentes de anticipación estratégica.
Los países de referencia mundial no dependen de respuestas improvisadas frente a cada crisis. Cuentan con capacidades institucionales para anticipar riesgos y oportunidades, y tomar decisiones para accionar.
En tal sentido, la República Dominicana necesita avanzar hacia la construcción o mejora de: un sistema nacional de anticipación estratégica, observatorio de riesgos globales, un radar permanente de oportunidades económicas internacionales, un laboratorio de escenarios país, entre otros instrumentos. Esto, en una mirada integral, permitiría transformar el diálogo en una política pública permanente.
Sexto: articular el diálogo alrededor de decisiones estratégicas concretas.
El éxito del proceso dependerá de su capacidad para producir instrumentos, no solo declaraciones. Entre los resultados esperados que deberían incluirse podrían estar: una estrategia nacional de inserción internacional hacia 2036, un programa nacional de resiliencia económica, la agenda estratégica de nearshoring, el plan nacional de seguridad alimentaria, una hoja de ruta de transición energética resiliente, etc.
Un diálogo nacional es útil cuando se convierte en una arquitectura de decisiones.
Debe ser un diálogo para decidir el país que queremos ser, a pesar de…
- El valor histórico de este proceso dependerá de su ambición. Puede convertirse en un diálogo de coyuntura o en un diálogo de transformación estratégica nacional. La diferencia está en el horizonte temporal que decidamos intencionalmente. Si el diálogo mira el próximo trimestre, será obviamente limitado, pero si mira el 2036 (a propósito de la iniciativa Meta 2036, en curso), será entonces trascendente.
La República Dominicana necesita hoy más que nunca una conversación colectiva sobre su resiliencia económica, su posicionamiento internacional y su capacidad de anticipar el futuro.
Este debe ser un diálogo para anticipar, un diálogo para priorizar, un diálogo para decidir. Pero sobre todo, debe ser un verdadero Diálogo Nacional para el Futuro.
