Santo Domingo.— Si hay “un elefante en la habitación” de este gobierno es, sin dudas, la gestión en el Metro de Santo Domingo, pues las fallas de energía y las escaleras eléctricas dañadas son el reflejo del deterioro en el servicio de dicho transporte público masivo. Las quejas son interminables y no tardarán en pasar factura en el 2028.

En un país medianamente organizado y con una gestión responsable, ya se habría sabido el origen de la falla eléctrica y se habría comunicado a la opinión pública; pero recordemos que, en estos tiempos convulsos, se gestionan percepciones y no soluciones.

¿Podemos esperar nuevas fallas? Por supuesto que sí. Aunque suene pesimista, sabemos que, como país, tenemos muchas debilidades que, lamentablemente, seguiremos arrastrando hasta que “echemos nuevas raíces por campos y veredas para poder andar”, como diría el cantautor español José Antonio Labordeta.

Peor aún: el Metro de Santo Domingo se arriesga a perder la confianza de aquellos que lo han convertido en una opción prioritaria de su día a día. No podemos aspirar a ser una metrópolis moderna si los pilares de nuestra infraestructura fallan.

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