Santo Domingo.- «Juan Comodoro, buscando agua, encontró petróleo, pero se murió de sed» es una de las canciones del gran Facundo Cabral que resume la avaricia del ser humano, sin importar la naturaleza; cambiar oro por espejitos en pleno siglo XXI sigue siendo la columna de la minería irresponsable.
Y es precisamente en esta práctica en la que nuestro país no ha tenido buenas experiencias; para muestra, un botón con las denuncias de daños ambientales contra la empresa que explota la mina en la provincia Sánchez Ramírez, que, a pesar de «lavar oro», no se desarrolla de manera proporcional a la riqueza que se le extrae.
Es en ese espejo en el que se mira la provincia San Juan, cuyo principal activo es la agricultura. El «granero del sur» depende del agua y, por eso, el celo de toda su sociedad; y es que, por más viable que sea un proyecto de explotación minera en esa zona, siempre generará desconfianza por la pobre institucionalidad del país.
No se puede generar «riqueza material» a costa de los recursos básicos para la vida; aun así, el problema real es la falta de confianza en que el Estado pueda fiscalizar y proteger el agua a largo plazo. ¿Oro o agua? Esa es la cuestión.
