Wander Franco podrá no cumplir la pena, pero sigue condenado. El perdón judicial otorgado por los jueces no le valdrá para limpiar la culpa y su falta de madurez; el mal ejemplo se queda, y el qué habría sido de su carrera si hubiese actuado con cabeza será siempre una pregunta obligatoria.
Pero Franco no es el único que ha fallado, también el tribunal, pues al liberarlo de responsabilidad penal sienta un mal precedente; ya que, aunque actuaron bajo el amparo del código, no es menos cierto que un delito (explotación sexual) no corrige ni justifica otro (abuso sexual).
A Wander nadie lo obligó a cometer el error, quizás el más costoso en lo que tiene de vida y que lo dejará tendido en el terreno de juego. La irresponsabilidad debe tener un precio; la sociedad no lo perdonará y siempre vivirá decepcionada porque quizás perdió a uno de sus grandes representantes.

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