Santo Domingo: la economía dominicana creció 4 % en los primeros cuatro meses de 2026.
El Banco Central lo certifica: la minería lidera con 10.7 %, el turismo rompe récords y los servicios financieros crecen 6.2 %. Los números son reales y hay que decirlo con claridad.
En ese mismo escenario, el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP), principal organización que representa al sector empresarial dominicano, celebró su 63 aniversario, y su presidente, Celso Juan Marranzini, dijo algo importante: el sector privado genera el 85 % del PIB, el 90 % de las inversiones y el 86 % del empleo dominicano. No es retórica; es la arquitectura real de esta economía.
Marranzini también señaló algo que pocos se atreven a admitir en un aniversario: quedan brechas estructurales sin resolver, como la informalidad, el sistema eléctrico y la desconexión entre el aparato educativo y lo que demanda el aparato productivo. Y ahí está la tensión.
Una economía que crece, sostenida por un sector privado que produce, sobre una base de ciudadanos que cargan el peso de esas brechas.
El Harvard Growth Lab proyecta a la República Dominicana entre las economías de mayor crecimiento per cápita de la próxima década. Eso no es un dato menor, pero ninguna proyección se convierte sola en vida cotidiana.
Eso requiere algo más que números y más que imagen. Requiere decisiones y voluntad de que el crecimiento tenga dirección.
