Jurídicamente hablando, el juicio contra los exministros peledeístas y compartes resulta ser una victoria agridulce para el Ministerio Público, pues el éxito en los tribunales no siempre se traduce en una victoria en la percepción pública. El hecho de que 35 de 40 personas físicas o jurídicas hayan sido enviadas a juicio de fondo es un gran porcentaje (87.5 %), pero lo que no deseaba el MP es que dos de los tres acusados de alto perfil político quedaran libres de los hechos por los que eran señalados.
Políticamente hablando, el auto de no ha lugar a favor de Gonzalo Castillo reconfigura el escenario para el 2028, es una victoria para el PLD y una derrota clara para la Fuerza del Pueblo; mientras, el PRM puede sacar provecho si mueve las fichas necesarias para dividir a la oposición que, de por sí, luce dispersa.
Las especulaciones comienzan a correr, pues en política no hay aliados eternos ni enemigos perpetuos: que si hay acuerdos tras bastidores, si la publicación de la embajadora de Estados Unidos horas antes de conocerse el fallo influyó, si realmente no había pruebas suficientes o si todo se trató de una “cacería de brujas”. Todo esto tiene cabida porque, lamentablemente, vivimos en un país con instituciones débiles.