El trabajo que les cuesta a los congresistas dominicanos aprobar leyes que sumen o garanticen derechos es una muestra más del conservadurismo retrógrado impregnado en nuestra sociedad, que de por sí limita los cambios y las esperanzas de progreso y desarrollo; los intereses de ciertos sectores resultan ser eternos.
Para muestra varios botones, uno de ellos es lo que sucede con la cesantía: para nadie es un secreto que la reforma laboral no ha sido aprobada en el Poder Legislativo por el interés de los empresarios en modificar o hacer desaparecer dicho derecho. Otro ejemplo es el tema de la no aprobación del aborto con las tres causales.
Por supuesto, a los legisladores les resulta más fácil aprobar un préstamo o cualquier reconocimiento que sacar adelante un nuevo Código de Trabajo. Disfrazan los retrasos con un supuesto “consenso” cuando, a todas luces, la balanza solo se inclina a no molestar a aquellos que los patrocinan.