José Báez Guerrero
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Son muchas las cananas que nos caen a los dominicanos por la estupidez de compatriotas desconocedores de la historia o con mala fe, basada en esa ignorancia.
La oicofobia, una patología mental manifestada por la aversión o rechazo visceral hacia el propio país de origen o su cultura, parece ser lo que motiva a una aspirante a sustituir al representante demócrata por el 13.er distrito congresual de Nueva York, Adriano Espaillat, igual que ella, de raíces dominicanas.
Ávila Chevalier es descrita por el New York Post como “una lunática woke que está bajo la lupa, asediada por sus odiosos y desquiciados posts en redes sociales”, “una extremista de izquierda que aboga por la confiscación o expropiación de inmuebles de alquiler a sus propietarios y la abolición de la Policía y las cárceles”.
La controversial Chevalier intentó borrar de sus cuentas en redes sociales miles de comentarios racistas, sexistas y difamatorios, como llamar “violador sexual” y “criminal de guerra” al presidente Biden, calificar a Estados Unidos como una “pura desgracia” tras limpiar sus manos sucias en una bandera estadounidense y abogar por la abolición del Estado de Israel.
También se ha obrado sobre la República Dominicana, expresando avergonzarse de ser dominicana y abogando porque la isla de Santo Domingo sea “un solo país, todo negro, igual que Haití”.
El catálogo de barbaridades extremistas de esta Chevalier obliga a creer que es más que loca: un instrumento político de los enemigos de la democracia, la decencia y los valores cristianos compartidos por estadounidenses y dominicanos de todas las orientaciones políticas y sociales.
Por eso hay en Nueva York creciente preocupación por el entusiasta apoyo a Chevalier por el alcalde Zohran Mamdani, socialista y musulmán.
Sería un enorme peligro que los votantes dominico-estadounidenses, en las primarias del Partido Demócrata dentro de dos semanas, escojan como candidata sustituta de Espaillat a una extremista musulmana vinculada anteriormente a financiamiento ilegal iraní y de otras fuentes antidemocráticas.
Apoyar o votar por Chevalier es afilar cuchillo para la propia garganta de los dominicanos en Nueva York, una afrenta al Congreso estadounidense y una maldición para la patria de Duarte.
