En este 14 de junio, que representa el ejercicio de la política como expresión de honestidad y dignidad humana, hay que decir que el hecho de que en el impúdico Código Penal, aprobado por el Congreso, los partidos políticos no sean sujetos de procesos penales es porque ellos mismos son los autores de este código, estructurado para garantizar su impunidad.
Partidos fuera del proceso penal
Los partidos del sistema se compran y se heredan. Se corrompen y corrompen. Son empresas en las que se invierten capitales de los políticos afortunados por las prácticas de corrupción (incluida la narco corrupción) y partidas de las súper-ganancias del gran capital privado.
Abinader heredó un partido registrado, contribuyó a formar el PRM con la mayoría de un PRD degradado moralmente e invirtió una parte pequeña de su fortuna privada heredada en su candidatura presidencial. No es el único caso.
El PRSC y el PRD se convirtieron, en diversos periodos de su gestión gubernamental, en compañías por acciones, en fábricas de políticos millonarios. El PRSC nació como una maquinaria criminal.
El PLD y su derivada FR, ejerciendo el poder estatal en conexión con grandes empresarios privados y jefes de corporaciones transnacionales favoritas, en pocos años pasó a ser una especie de Corporación de la Corrupción Estatal-Privada, multimillonaria en dólares.
Los partidos satélites se perfilaron como negocitos satélites, cómplices de la privatización y gansterización de la política.
Partidocracia, dinero sucio y poder económico
Todos ellos, más allá de su perfil especializado, unos como testaferros de fortunas privadas y otros bajo control de élites políticas enriquecidas al vapor, han sido, además, receptores de dineros públicos desigualmente repartidos y de inversiones de dinero sucio e inversiones privadas con fines de expansión y reproducción de capital.
Las élites de la partidocracia ricachona y del gran capital privado criollo y transnacional siempre han dominado las candidaturas fundamentales y los cargos públicos, salvo excepciones que vienen a ser golondrinas que no hacen verano o adornos que no modifican el cuadro general.
La política dentro de esta institucionalidad —montada sobre el modelo neoliberal y neocolonial— ha sido presa, en mucho mayor escala que en el pasado remoto, de los tutumpotes del CONEP, la Cámara Minera, la Cámara Americana y la delincuencia de alto vuelo.
Al paso de los años, esa política se ha convertido en un oficio altamente rentable para los dirigentes políticos corruptos o los jerarcas del gran capital privado, y en profesión principal o adicional para ciertos ricos con mayúsculas; mientras los/as empobrecidos/as por ese modelo político-social solo cuentan como clientela. En ese litoral, ahora todo marcha de mal en peor.