Ha sido de profundo significado la visita y recibimiento del Papa León XIV, en España. Es obvio que fue planificada para que, en todas sus actitudes y acciones, se comprendiera que quien cree en Dios no discrimina; ama a todos los seres humanos sin importar su condición ni posición social; ayuda al necesitado.

El acercamiento del Papa a los presos en la cárcel, a los que tienen incapacidad física, a reyes, gobernantes, empresarios, artistas, niños, deportistas, personas humildes, etc., fue un estupendo mensaje de la Iglesia católica a la humanidad.

Su Santidad promueve fe, amor, unidad, solidaridad; de ahí que diera esas pinceladas por donde estuvo. El mensaje es claro: ora con palabras y hechos en cualquier escenario; Dios está en todas partes.

Valentina en la Sagrada Familia

Desde mi hogar y por televisión presencié algunas de sus actividades; todas dignas de destacarse, pero la que más me impactó y me hizo llorar de emoción fue la misión de Valentina, una niña invidente de 13 años. ¿Qué hizo? Cuando el Papa visitó la Sagrada Familia en Barcelona, en compañía del Rey Felipe y la Reina Letizia, en la entrada los esperaba Valentina con una maqueta de piedra, muy especial, para explicarles la estructura del templo. La saludaron y la escucharon con atención. Ella tocaba cada nivel de la maqueta y, con seguridad y firmeza, explicaba lo que abarcaba y significaba, lo que pretendía el arquitecto Gaudí al diseñarla, hasta llegar a lo más alto: la llamada Torre de Jesús.

Todos estaban atentos a sus explicaciones y al roce de sus dedos en la maqueta; al final dijo con firmeza: “así entiendo la torre, a través del tacto”, “podemos tener imágenes mentales, a través de las cosas, tocándola”, “agradezco haber hecho posible esta maqueta, que ayuda a los ciegos a conocer la Torre de Jesús”. Con esta acción, Valentina dio una cátedra de cómo pueden aprender los invidentes; el tacto enciende la fe; exhorta a los que tienen limitaciones a que no se rindan; es un llamado tácito a que los ayuden a desarrollar sus potencialidades.

Un mensaje de inclusión y aprendizaje

Valentina es una niña muy inteligente; demostró su talento al expresarse con certeza y elegancia; consiguió que se concentraran en los mensajes, no en su limitación visual; dio lecciones de igualdad, al tratar a los reyes y al Pontífice como personas normales. De hecho, le regaló a su Santidad un dibujo de cómo ella visualiza la torre de Jesús; el Papa le obsequió un santo rosario y ella, muy emocionada, le dijo: “Ayyy, gracias, lo guardaré para siempre”.

Indiscutiblemente, que la personalidad, el comportamiento y su interés por cosas como la Sagrada Familia hablan de que es juiciosa, realista, capaz de comprender y trabajar por lo que da paz y beneficia a la humanidad. De seguro creció en un hogar, en un núcleo de afectos hermosos, estable, donde destacan los valores morales y cristianos como motor de la vida y necesarios en todos los escenarios. Eso le ha inyectado seguridad en sus acciones.

Valentina debe tener unos padres ejemplares; conscientes de que son los máximos responsables de su educación, de las fuentes de aprendizaje a las que tiene acceso, para que asuma la vida con firmeza y coraje, tranquilidad, amor y muy consciente de todo. De seguro que su Santidad regresó al Vaticano, feliz de haber conocido este parámetro ejemplar para la humanidad, tal como suele promoverlo.

Para contribuir con la paz y bienestar de quienes tienen incapacidad física, ojalá los líderes de España busquen la forma de destacar y promover fuentes de aprendizaje como las utilizadas por Valentina. Desde aquí, mi admiración y respeto para ella y sus padres. ¡Que Dios los bendiga!

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