La degradación de la práctica política ha llegado a su nivel más bajo, a tal punto que ciudadanos sin ninguna formación, que «no se han leído un puto libro en su vida», que piensan con falta ortográfica, que no hablan, rebuznan, se consideran «presidenciables» y están «tirados en las calles»
buscando ser aceptados como candidatos y eventualmente elegidos como presidente constitucional de la República.
Y no dudo que un burro, con las orejas de un conejo, analfabeto, pueda ser escogido como mandatario.
¡Todo es posible en un país donde los valores éticos y morales lo trazan las redes sociales!
Atrás quedaron las figuras relevantes de la política donde, no importaban las diferencias ideológicas, había altura. El dictador Rafael Leónidas Trujillo eran un patán, sociópata, asesino y ladrón, pero se rodeaba, además de personajes de su propia calaña depredadora, de intelectuales que
sabían leer y escribir.
Una buena parte de los políticos tras el asesinato de Trujillo, eran médicos, abogados, sociólogos, historiadores y autodidactas ilustrados como Joaquín Balaguer, Juan Bosch, Peña Gómez, Juan Isidro Jiménez-Grullón, Euclides Gutiérrez, Narciso González, Leonel Fernández, Tony Rafúl, Andrés L. Mateo, Iván Rodríguez, Gordo Oviedo, Roberto Santana, Franklin Franco, Jotin Cury, entre muchos otros.
Los banqueros eran los dueños de los bancos, no de bancas de apuestas, como ahora.
Los periodistas eran periodistas, no «influencers» proveniente, muchos de ellos, del bajo mundo, que apenas saben escribir sus nombres, que se valen de adjetivos vulgares e insultantes para sostener una discusión. (No pueden hilvanar una idea sin dos o tres palabrotas obscenas)
Daba gusto leer a Orlando Martínez, Gregorio García Castro, Rafael Herrera, Juan Bolívar Díaz, Radhaméz Gómez Pepín, Silvio Herasme Peña, Bienvenido Álvarez Vega, German Ores Coiscou, Freddy Prestol Castillo, Margarita Cordero, Mario Álvarez Dugan, Osvaldo Santana, Guido Gil, Ramón Colombo, Orlando Gil, Ruddy González, Miguel Franjul, Aníbal de Castro, Bonaparte Gautreaux Piñeyro, Juan José Ayuso, entre muchos otros.
Daba gusto leerlos o escúchalos, se aprendía. Se elevaba el nivel intelectual y cultural con su sapiencia. ¡Eran maestros de la comunicación!
Ahora nos embrutecemos escuchando a muchos «comunicadores», no a todos, insisto, extorsionando, chantajeando, injuriando y difamando a empresarios, políticos, funcionarios y demás figuras públicas.
¡Una vergüenza!
Hasta la «crónica de arte» era distinta, con figura con figuras como Mundito Espinal, Joseph Cáceres, Cartos T. Martínez, Carlos Batista Matos, Severo Rivera, Marivell Contreras, Eugenio Pérez, Trifolio, Dania Goris, Carlos Cepeda Suriel, Jochy Santos, Emely Tueni, Cristhian Jiménez, Francisco
Álvarez Castellanos, J. Eduardo Martínez, Napoleón Beras, Chico Arias, entre muchos otros.
¿A quién culpar del deterioro, da la falta de criterio, del irrespeto? ¿A los advenedizos, a los improvisados, a los incultos? ¡No! ¡De algún modo todos somos culpables!
La mal llamada «clase política» tiene una gran cuota de responsabilidad con lo que está ocurriendo hoy día en nuestra sociedad. Culpo a los políticos inmorales, corruptos, a los que el país les importa un bledo. No en balade están tan desacreditados. La gente busca opciones políticas
fuera de los partidos porque nadie les cree.
Este país se jodió porque no hay autoridad, porque no hay leyes que se respeten o se hagan respetar por la fuerza, si fuese necesario, como a veces lo es. No sigamos confundiendo democracia con democratisimo y populismo demagógico.
¡Este país se jodió porque los inmorales nos han igualado! Se jodió porque «hoy es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, pretencioso o estafador», porque todo es igual, nada es mejor. ¡Da lo mismo un burro que un profesor! ¡Los inmorales nos han igualado!, como dice el tango Cambalache de Enrique Santos Discépolo, escrito en los años 30 del siglo pasado, pero que mantiene una vigencia extraordinaria hoy día en nuestro país.
Si, «los inmorales nos han igualado». «Da lo mismo un burro que un gran profesor». Si no lo cree deténgase a perder el tiempo viendo las redes sociales, para que nos percatemos de que definitivamente este país se jodió!