En cada una de las áreas del Gobierno cuyos responsables, nombrados por decreto, cumplen sus funciones con un equipo capaz y trabajador, los resultados hablan por sí mismos.

Están, por ejemplo, los gabinetes a cargo de la vicepresidente Raquel Peña; el gobernador del Banco Central y su control de la estabilidad monetaria; el director de Aduanas y la modernización de sus servicios; el Banco de Reservas y su exitosa competencia con los bancos privados; el canciller y el nuevo lustre de nuestra diplomacia; el ministerio de Defensa y el radical cambio en la vigilancia fronteriza y listeza; y así otras dependencias oficiales.

Es una pena que otros sectores oficiales estén dirigidos por políticos menos capaces o entretenidos con otros afanes. Y no me refiero solo a legítimas aspiraciones presidenciales, porque el puntero del PRM, David Collado, atiende su asunto sin descuidar sus obligaciones.

Otra demostración es que nuestro país ganó por tercer año consecutivo el premio al “Destino Caribeño con Mayor Nivel de Satisfacción de los Visitantes”, en los Travel Age WAVE Awards 2026, uno de los galardones más prestigiosos del negocio turístico de Norteamérica. República Dominicana fue reconocida por la capacidad “para ofrecer experiencias de alta calidad y un servicio excepcional a los viajeros” y como “uno de los países más valorados por los agentes de viajes y turistas estadounidenses”.

¿Sería mucho soñar que similares resultados fueran esperables en el mantenimiento de carreteras, la transparencia en la seguridad social, la catastrófica quiebra de las EDE, el estímulo a la creación de empleos formales o el ordenamiento del caótico tránsito? Quizás los mejores amigos del presidente y su Gobierno no son los periodistas cuyas opiniones cambian; es más posible que sus peores enemigos estén dentro del Gobierno.

Ojalá hubiera más funcionarios como los primeros, tan exitosos, y menos como los segundos, tan fallosos. Nada fácil dirigir a tantas fieras…

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