Estos son tiempos de dolor profundo. Un pueblo hermano, el de Venezuela, ha sido golpeado sin piedad por la fuerza de la naturaleza. Ante la tragedia, no basta con lamentarse: nos queda encomendarnos a Dios, exigirnos empatía absoluta y, como nación, activar de inmediato verdaderas medidas preventivas.

Hoy la solidaridad no puede ser un discurso; tiene que ser una acción.

Demostremos un humanismo puro y desinteresado. El dolor ajeno jamás debe convertirse en un espectáculo ni en una plataforma de beneficio mediático. Que nuestra mano izquierda no sepa lo que hace la derecha; actuemos con la dignidad y la altura que las circunstancias nos exigen.

No hay espacio para la duda: con la fuerza de todos, Venezuela se va a levantar. Porque la esperanza de su gente es inquebrantable, tal como lo inmortalizó Alí Primera en su Canción mansa para un pueblo bravo:

Temas relacionados

ali primeradesastre naturalsolidaridadtragediavenezuela