Están equivocados quienes creen que el rechazo a una eventual candidatura de Santiago Matías es por alguna infundada asociación suya con el bajo mundo barrial. Nunca ha sido condenado, extraditado ni juzgado. Además, todos los males sociales de los sectores marginados tienen su versión refinada en las clases media y alta, desde la violencia intrafamiliar, las adicciones y la criminalidad hasta las familias monoparentales, la irresponsabilidad paterna o la promiscuidad (y el financiamiento oscuro de campañas).

El temor y rechazo a este Alofoke carecería de importancia si quienes no lo quieren tuvieran algún aspirante tan capaz como él de sintonía con los sentimientos del segmento de votantes que él cree suyos. Nada asegura que su popularidad signifique votos, pero la posibilidad motiva ofrecimientos como el del PRSC, que malogró la celebración del 60mo aniversario del inicio de los doce años de Balaguer ofreciéndose como plataforma partidista al fenomenal empresario mediático, una sinergia oportunista.

Dudo que este líder emergente logre más de un 25% a 35% del voto, cuyo porcentaje incluiría al menos la mitad por votantes jóvenes más proclives a la abstención. Lo que sí puede hacer Alofoke es tirar una llave inglesa al engranaje electoral, alterando de manera significativa las proyecciones en base a las preferencias electorales dadas por ciertas hasta recientemente. Como individuo con un ejército mediático propio, ¿qué puede parecerse más a los caudillos sin partido de principios del siglo XX? Es un pequeño gigante, sin ideas, planes ni otra oferta que representar a marginados sin voz que ven en él al héroe que saltó de la nada a la prominencia.

Alimentarlo podría resultar como los encantamientos de brujas inexpertas que salen fallidos o contrarios a su intención. Pero falta por verse a quién o quiénes beneficiaría este augurado fenómeno que, como los falsos mesías, representa más dudas que certezas. Un país urgido de más estabilidad, crecimiento, confianza y legalidad, difícilmente merece jugar quinielas o palés con su futuro. El innegable crecimiento de Alofoke luce más como un triste crepúsculo que una auspiciosa alborada.