De políticos corruptos (de todos los partidos), policías abusadores (de todos los rangos) y motoconchistas imprudentes (de todo el país), no pasa un mes sin que uno supere al otro en alguna acción que avergüence al país y, por consecuencia, provoque el repudio de la ciudadanía. La competencia entre estas tres plagas es digna de cualquier guión de terror.
Es tal la denigración que sufre la sociedad que la corrupción hoy en día juega directamente con la salud de los necesitados (casos SeNaSa y Oncológico del Cibao), los policías, como cualquier “gatillo alegre”, asesinan creyéndose intocables y los motoconchistas se han convertido en el verdadero terror de las calles; todo evoluciona o involuciona.
¿Cómo solucionar?
Se necesita educar e implementar un sistema de consecuencias donde la ley se aplique de manera igualitaria, eliminando la impunidad en todos los niveles. Asimismo, es necesario admitir que la reforma policial avanza un paso y retrocede dos, que aún nos queda mucho trecho por recorrer en la lucha contra la corrupción y que el caos vial solo se puede eliminar con medidas contundentes.