Los sabiondos del Congreso Nacional, que trabajan a la velocidad que dictan sus intereses y que ahora, como el «Chapulín Colorado», resultan ser más ágiles que una tortuga, pretenden estudiar y modificar el Código Penal en tiempo récord; sí, al igual que hicieron con el paquete de medidas económicas presentadas por el Gobierno.
Las 84 propuestas de modificación depositadas por gran parte de las fuerzas vivas de la nación van a ser incluidas o excluidas por aquellos que cometieron los errores que conllevaron al alud de sugerencias para salvar la importante norma penal, aunque en el fondo se aprueben aquellas enviadas por el Poder Ejecutivo.
Es criticable que el nuevo Código Penal haya durado más de 20 años para convertirse en ley, pero es peor que lo aprobado haya resultado con tantas imperfecciones jurídicas; a esta altura del juego, solo nos queda pedirle a los «honorables» que lo hagan bien y que dejen la premura. En política, la velocidad no es buena consejera y, generalmente, va acompañada de vicios.