De Freddy Gatón Arce, Mario Álvarez Dugan y Radhamés Gómez Pepín al retiro de Bienvenido Álvarez Vega.
El periodismo dominicano acaba de atravesar, casi silenciosamente, uno de esos momentos en los que varias épocas parecen cerrarse al mismo tiempo.
El 31 de julio de 2026 circuló la última edición impresa de El Nacional, el histórico vespertino que apareció por primera vez el 11 de septiembre de 1966.
Al día siguiente, el primero de agosto, se hizo efectivo el relevo de mi amigo Bienvenido Álvarez Vega en la dirección del periódico HOY, responsabilidad que asumió el economista, académico y comunicador Rolando Guzmán.
La designación de Rolando Guzmán y la despedida de Bienvenido habían sido anunciadas públicamente durante un acto celebrado el 11 de julio.
Fue una transición organizada y afectuosa, pero también cargada de significado: Bienvenido dejaba la dirección de uno de los grandes diarios dominicanos después de una vida entera dedicada al periodismo.
Los dos acontecimientos —la desaparición de la edición impresa de El Nacional y el relevo en la dirección de HOY— no son episodios aislados. Forman parte de una misma historia: la del nacimiento, desarrollo y transformación de los medios impresos dominicanos durante los últimos sesenta años.
Es también una historia profundamente vinculada a nombres que marcaron una época y que ya no están entre nosotros: Freddy Gatón Arce, Mario Álvarez Dugan y Radhamés Gómez Pepín.
Y es inseparable de la figura de José Luis Corripio Estrada, don Pepín, quien cumplió 92 años el 12 de marzo de 2026 y cuya participación en la prensa dominicana ha abarcado más de medio siglo.
El nacimiento de El Nacional de Ahora.
El Nacional de Ahora apareció impreso por primera vez el domingo 11 de septiembre de 1966.
Su primer director fue el poeta, escritor y periodista Freddy Gatón Arce, una de las grandes figuras intelectuales dominicanas del siglo XX.
La jefatura de Redacción fue desempeñada a su inicio simultáneamente por Juan José Ayuso, Guillermo Perallón y Radhamés Gómez Pepín.
Cuando ingresé al vespertino, el 14 de junio de 1969, Radhamés era ya el único jefe de Redacción. Fue él quien me incorporó al trabajo periodístico.
Yo había comenzado a acercarme al periodismo desde 1967 y había realizado estudios de Comunicación Social y Cine en la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Pero mi ingreso formal a aquella redacción significó entrar en una escuela práctica, intensa y, muchas veces, peligrosa.
El Nacional no era solamente un periódico. Era una redacción de enorme vitalidad, integrada por periodistas, escritores, fotógrafos, diagramadores, cronistas y reporteros que entendían el oficio como una responsabilidad pública.
La República Dominicana atravesaba los llamados Doce Años del presidente Joaquín Balaguer.
Eran tiempos de confrontación política, represión, violencia callejera, persecución contra sectores de izquierda y frecuentes choques entre las fuerzas del orden y los movimientos estudiantiles.
Ser reportero significaba salir cada día sin saber exactamente qué podía ocurrir.
Radhamés Gómez Pepín y la disciplina de la redacción.
Radhamés Gómez Pepín era un hombre severo, disciplinado y protector con sus periodistas. No concebía la redacción como un lugar para improvisados. Exigía precisión, rapidez, capacidad para preguntar y, sobre todo, la obligación de regresar con la noticia.
En ese contexto se hizo conocida una de sus advertencias:
—No quiero héroes.
Era su manera de decirnos que el periodista debía aproximarse al peligro para informar, pero no debía buscar inútilmente el martirio. La misión era presenciar, comprobar y regresar para contar lo sucedido.
Esa frase fue utilizada muchos años después como título de un artículo publicado por Rafael Reyes Jerez en el periódico HOY el 3 de enero de 2016.
El artículo, sin embargo, contiene varias inexactitudes que deben ser corregidas, no por ánimo de polémica, sino por respeto a la cronología y a la historia del periodismo dominicano.
La más importante aparece al principio del relato.
Reyes Jerez afirma que la mañana del 12 de Enero de 1972 del combate del kilómetro 14 de la autopista Las Américas, Radhamés Gómez Pepín lo llamó y lo envió al lugar donde se encontraban Amaury Germán Aristy y sus compañeros. Según su narración, Gómez Pepín le habría dicho:
—Reyes, encontraron a los muchachos. Vete al kilómetro 13 y medio. No quiero héroe.
Esa escena no pudo ocurrir como fue relatada. Reyes Jerez estuvo en aquel lugar, pero no pudo haberlo enviado Radhamés.
Radhamés Gómez Pepín había dejado de trabajar en El Nacional de Ahora el 31 de diciembre de 1971. Lo había sustituído Silvio Herasme Peña.
El combate en el que murieron Amaury Germán Aristy, Virgilio Perdomo Pérez, Ulises Cerón Polanco y Bienvenido Leal Prandy, conocido como La Chuta, ocurrió el 12 de enero de 1972.
Es decir, doce días después de la salida de Radhamés del periódico.
Yo también fui enviado aquel 12 de enero de 1972 a cubrir el combate. Pero quien me envió fue Silvio Herasme Peña.
Esa precisión es fundamental, porque no se trata de una diferencia menor ni de una simple confusión de nombres. Se refiere a la persona que tenía la responsabilidad de dirigir el trabajo periodístico durante uno de los acontecimientos más dramáticos de aquellos años.
La frase “No quiero héroes” puede corresponder perfectamente al carácter y al lenguaje habitual de Radhamés. Lo incorrecto es situarla en una escena en la que él no podía estar actuando como jefe de Redacción de El Nacional.
El combate del 12 de enero de 1972.
El combate comenzó durante las primeras horas del 12 de enero de 1972 y se prolongó durante gran parte del día.
Amaury Germán Aristy y sus tres compañeros se encontraban cercados en la zona del kilómetro 14 de la autopista Las Américas. Las fuerzas militares y policiales desplegaron un enorme operativo que incluyó numerosos efectivos y armamento pesado.
Para quienes fuimos enviados a cubrir el suceso, no era una noticia ordinaria.
Se trataba del desenlace de una larga persecución contra cuatro dirigentes de izquierda vinculados a los llamados Comandos de la Resistencia. La tensión era enorme y el acceso de los periodistas estaba limitado por los cordones militares.
Aquella cobertura quedó grabada en mi memoria como una de las experiencias más intensas de mis primeros años profesionales. Yo había ingresado en El Nacional menos de tres años antes y me encontraba de pronto ante un acontecimiento que pasaría a formar parte de la historia política dominicana.
Por eso es importante conservar correctamente los nombres, las funciones y las fechas. La memoria personal puede fallar, pero cuando existen testigos, publicaciones y cronologías verificables, los errores deben rectificarse.
La salida de Radhamés.
Radhamés había sido cancelado de El Nacional de Ahora por decisión de Rafael Molina Morillo, quien era uno de los principales accionistas y ejecutivos de la empresa editora.
La salida de Radhamés se produjo el 31 de diciembre de 1971. No fue un hecho menor.
Radhamés representaba una forma de dirigir la redacción y mantenía una estrecha relación profesional con numerosos reporteros.
Su salida abrió una etapa difícil dentro del periódico y fue uno de los antecedentes de los acontecimientos que se desarrollarían al año siguiente.
Debe recordarse que los años 1971, 1972 y 1973 estuvieron marcados por una gran agitación política.
El país vivía bajo la constante tensión producida por las acciones de los grupos de izquierda, las operaciones policiales, la actividad de la Banda Colorá, las protestas universitarias y el temor gubernamental ante un posible regreso armado del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.
El Nacional en Lucha.
En enero de 1973 comenzó a publicarse el vespertino El Nacional en Lucha como vocero de un grupo de periodistas y colaboradores que salimos de El Nacional de Ahora.
Radhamés Gómez Pepín se integró a aquella experiencia periodística, junto con otros profesionales que habían estado vinculados a El Nacional de Ahora.
Pero El Nacional en Lucha tuvo una existencia muy breve. Se publicó solamente durante unas tres semanas.
En el artículo de Rafael Reyes Jerez se afirma que el periódico era confeccionado en el local del antiguo sindicato de trabajadores de la prensa. Esa versión tampoco es correcta.
La edición, diagramación y la impresión con papel y tinta se realizaban en una imprenta situada en la calle Padre Billini, en la Ciudad Colonial de Santo Domingo.
No trabajábamos en el local del sindicato.
La diferencia puede parecer pequeña para quien no vivió aquellos días, pero es importante para reconstruir el ambiente material y humano en que se produjo aquella experiencia.
El lugar donde se redacta, compone, imprime y distribuye un periódico es parte de su historia.
El Nacional en Lucha surgió dentro de una confrontación que no era solamente laboral. Era también periodística, empresarial y política. Su título expresaba claramente el carácter del proyecto: un periódico nacido como respuesta y como instrumento de defensa profesional.
El regreso de Caamaño y la clausura.
El 2 de febrero de 1973 llegó al territorio dominicano la expedición guerrillera encabezada por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.
El desembarco se produjo por Playa Caracoles, en la región sur del país.
La noticia puso en estado de máxima alerta al Gobierno de Joaquín Balaguer y a las Fuerzas Armadas.
Se establecieron controles, se movilizaron tropas y aumentó la vigilancia sobre los medios de comunicación (Periódicos impresos, radio y televisión).
El Gobierno temía que la expedición pudiera encontrar apoyo entre sectores políticos, estudiantiles y populares.
En ese ambiente, cualquier publicación que escapara al control gubernamental o que pudiera ser considerada simpatizante de la oposición era observada con recelo.
Fue dentro de aquella situación de emergencia nacional cuando el Gobierno fue incitado a clausurar El Nacional en Lucha.
Utilizo deliberadamente el término “incitado”.
La clausura no puede explicarse únicamente como una iniciativa espontánea del Gobierno. Hubo intereses, presiones y actuaciones que algún día deben ser explicados con todos sus detalles.
La aparición de la guerrilla de Caamaño creó el ambiente político que permitió justificar la medida, pero alrededor de la decisión existieron otros factores. Esa es una parte de la historia que merece un tratamiento separado.
Lo indiscutible es que la vida del vespertino terminó abruptamente, después de apenas tres semanas de circulación.
Habíamos salido y renunciado de El Nacional de Ahora un numeroso grupo de periodistas y colaboradores del medio impreso en la avenida San Martín. Entonces Pepín Corripio nada tenía que ver con ese vespertino.
La cobertura de la guerrilla.
En el artículo “No quiero héroe”, Rafael Reyes Jerez recuerda que Silvio Herasme Peña lo envió, acompañado por dos fotógrafos y un chofer, a cubrir la información sobre la llegada de Caamaño. Correcto.
Esa parte del relato pertenece a una etapa en la que Silvio desempeñaba responsabilidades editoriales y en la que el país vivía bajo una situación extraordinaria. Pero ya estábamos en El Nacional en Lucha.
El desembarco del 2 de febrero de 1973 y la persecución posterior a la guerrilla marcaron a toda una generación de periodistas.
Había censura, rumores, informaciones contradictorias y una intensa presión oficial.
El Gobierno buscaba controlar la narrativa de los acontecimientos, mientras los periódicos trataban de determinar qué estaba ocurriendo realmente en las montañas.
No existían teléfonos móviles, comunicaciones instantáneas ni redes sociales.
La reportería dependía de desplazamientos físicos, contactos personales, llamadas desde teléfonos fijos y un enorme esfuerzo para verificar los datos.
Era un periodismo hecho bajo presión, con pocos recursos tecnológicos y frecuentes riesgos personales.
Vespertino La Noticia y la entrada de Pepín Corripio en la prensa.
Cuatro meses después, el 11 de junio de 1973, apareció el vespertino La Noticia editado por la Editora La Razón.
Bienvenido Álvarez Vega y Radhamés Gómez Pepín formaron parte de su equipo.
La Noticia ocupa un lugar esencial dentro de esta historia porque fue el primer medio de comunicación en el que invirtió originalmente don José Luis Corripio Estrada.
Ese paso marcó el inicio de la presencia de Pepín Corripio en los medios dominicanos.
Su participación no se limitó a una inversión empresarial. Con el tiempo fue desarrollando una visión propia sobre la función de los periódicos, su responsabilidad social y la necesidad de que conservaran credibilidad e independencia frente a los intereses económicos y políticos.
Seis años después de la fundación de La Noticia, Pepín Corripio adquirió en 1979 las acciones de El Nacional de Ahora que pertenecían a Rafael Molina Morillo.
De esa manera, el empresario que había comenzado su participación periodística en 1973 pasó a controlar el vespertino fundado en 1966.
La operación abrió una nueva etapa para El Nacional y permitió el regreso de Radhamés Gómez Pepín al periódico del que había sido separado al finalizar 1971.
El regreso de Radhamés a El Nacional.
Después de que Pepín Corripio adquiriera el periódico, Radhamés retornó como jefe de Redacción.
Mario Álvarez Dugan fue designado director de El Nacional. Las fuentes biográficas sitúan su llegada a la dirección del vespertino en 1979 y confirman que permaneció allí hasta 1988, cuando pasó a dirigir HOY.
Mario Álvarez Dugan, conocido afectuosamente como Cuchito, había desarrollado una extensa carrera en la crónica deportiva, la radio y el periodismo escrito. Antes de llegar a El Nacional había trabajado durante años en El Caribe, donde ocupó responsabilidades editoriales importantes.
Era Cuchito un periodista de gran experiencia, sentido común y capacidad para mantener el equilibrio en situaciones difíciles.
Durante casi una década, Mario y Radhamés encabezaron dos áreas fundamentales del periódico: Mario desde la dirección y Radhamés desde la jefatura de Redacción.
Esa distribución de funciones permitió consolidar una etapa de gran influencia para el vespertino.
La fundación del periódico HOY.
Pepín Corripio fundó el periódico HOY en 1981. Su primera edición circuló el 11 de agosto de aquel año.
El diario matutino fue concebido como un periódico moderno, con una fuerte atención al diseño, la investigación periodística, el análisis político, la economía, la cultura y la opinión.
El proyecto formaba parte de un proceso de ampliación de las inversiones de Pepín en el campo de la comunicación.
Con La Noticia, y especialmente con El Nacional y HOY, el Grupo Corripio pasó a tener una presencia central en la prensa dominicana.
No todos esos medios tenían la misma personalidad.
La Noticia fue un vespertino ágil y combativo. Sus periodistas y colaboradores eran proprietarios de la tercera parte de las acciones de la Editora La Razón, gracias a un préstamo que les concedió el Banco Popular Dominicano con la simpatía de Don Alejandro E. Grullón E.
El Nacional de Ahora desarrolló un estilo popular, directo y de gran influencia en la vida política que consolidó con respaldo de Pepín Corripio.
HOY se consolidó como un matutino de análisis, con una importante sección editorial y una atención especial a los temas nacionales.
La coexistencia de medios diferentes dentro de un mismo grupo empresarial fue posible porque cada uno conservó su identidad editorial y su tradición periodística.
Cuchito pasa a dirigir HOY.