El horno no estuvo para galletitas dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM), ya que lo ocurrido alrededor de su Asamblea Nacional de Delegados deja señales que, a mi juicio, merecen ser observadas con mucha atención, porque detrás de los discursos de unidad, los abrazos y las fotografías institucionales existe una lucha por el control político de la organización oficialista.
La ausencia de Abinader en la asamblea
La ausencia del presidente de la República, Luis Rodolfo Abinader, en una asamblea de tanta trascendencia política no puede pasar inadvertida. Mucho menos tratándose del principal líder político del PRM y de quien condujo a esa organización a conquistar y retener el poder.
Según fuentes consultadas por nosotros, en las horas previas al encuentro se produjeron fuertes presiones y negociaciones alrededor de la conformación de la nueva estructura partidaria, particularmente sobre la Secretaría General. De acuerdo con esas informaciones, el expresidente Hipólito Mejía y su hija, la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, habrían ejercido toda su influencia política para respaldar la llegada de Juan Garrigó Mejía a la Secretaría General del PRM, y aquí está precisamente uno de los puntos que genera mayor ruido político, porque cuando dentro de una organización democrática comienza a instalarse la percepción de que los vínculos familiares pesan demasiado en la distribución del poder, inevitablemente surgen cuestionamientos entre dirigentes, militantes y sectores que también reclaman legítimamente espacios de representación.
Presiones por la Secretaría General
Pero el tranque previo a la Asamblea Nacional, según nuestras fuentes, habría ido todavía más lejos. No se trataba únicamente de la escogencia de Juan Garrigó Mejía como secretario general, también existían diferencias alrededor de la representación que tendrían importantes sectores internos vinculados a dos figuras que hoy poseen un peso político incuestionable dentro del oficialismo: David Collado y Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón.
Uno de los puntos sobre la mesa habría sido la designación de Gloria Reyes como secretaria de organización, en representación de la cuota partidaria de Yayo Sanz Lovatón, una posición estratégica dentro de cualquier partido político que aspire a mantener una maquinaria territorial sólida de cara al futuro.
¿Por qué tanta resistencia? ¿Por qué impedir que diferentes corrientes tengan representación? ¿A quién beneficia políticamente concentrar los principales espacios de dirección? Esas son las preguntas que deben hacerse los perremeístas. El PRM necesita entender que ya no está en los tiempos de la oposición, está administrando el poder y, al mismo tiempo, tiene por delante el enorme desafío de preservar su unidad cuando comienzan a perfilarse los liderazgos que disputarán la candidatura presidencial de 2028. Y en política, cuando comienza la batalla por la sucesión, hasta los aliados de ayer pueden convertirse en adversarios mañana.
Ahora bien, así como cuestiono lo que considero incorrecto, también tengo la responsabilidad de reconocer cuando alguien cumple su palabra. El sábado, exactamente a las 8:22 de la noche, recibí una llamada de Juan Garrigó Mejía, donde me dijo: “Salvador Holguín, mi hermano, todo se va a resolver y el partido saldrá bien y unido. Dame la oportunidad de demostrártelo”. Mi respuesta fue sencilla: “De acuerdo líder. Estaré atento”. Y estuve atento.
A juzgar por el desenlace de la Asamblea Nacional de Delegados y por los acuerdos finalmente alcanzados, tengo que reconocer que Juan Garrigó cumplió su palabra y eso hay que decirlo, porque este servidor no escribe para destruir personas ni para acomodarse circunstancialmente a intereses. Cuando tengo que criticar, critico; y cuando tengo que denunciar, denuncio; pero cuando corresponde reconocer una actuación positiva, también lo hago.
Juan Garrigó inicia con buen pie esta nueva responsabilidad partidaria, ahora tendrá un desafío mucho mayor que alcanzar la Secretaría General: demostrar que puede ser secretario general de todos los perremeístas y no representante exclusivo de una familia, grupo o corriente interna. ¡Ahí estará su verdadera prueba!
El PRM necesita equilibrio, inclusión y apertura. Necesita integrar al dirigente histórico, al funcionario, al militante que trabajó cuando el partido no tenía poder y a los nuevos liderazgos que representan el relevo generacional. Nadie debería pretender quedarse con el partido completo; ni una familia, ni un grupo, ni un aspirante presidencial, ni una corriente. Porque cuando un partido gobernante comienza a repartirse como patrimonio particular, termina alejándose de sus bases y sembrando las semillas de su propia derrota.
Abinader tiene la última palabra: Luis Abinader sigue siendo el principal árbitro del poder dentro del PRM. Podrán existir Hipólito Mejía, Carolina Mejía, David Collado, Eduardo Sanz Lovatón, Wellington Arnaud y otras figuras importantes, pero mientras Luis Abinader ocupe la Presidencia de la República y mantenga su liderazgo político, resulta imposible construir seriamente el futuro del PRM ignorando su peso. Por eso su ausencia en esta Asamblea Nacional tiene lectura política. El mandatario tendrá que administrar con inteligencia una transición partidaria extremadamente delicada: permitir la competencia interna sin que el PRM termine despedazándose antes de 2028.
La sangre familiar puede pesar mucho y las aspiraciones presidenciales también, pero por encima de ambas debería estar la supervivencia política del PRM. Hoy, el nietísimo Juan Garrigó comienza una nueva etapa y, por lo ocurrido, merece la oportunidad que personalmente me pidió. Cumplió su palabra y eso se reconoce. Pero apenas comienza… Ahora deberá demostrar que puede convertirse en un verdadero factor de equilibrio, concertación y unidad dentro de una organización donde las ambiciones están creciendo, los grupos están tomando posiciones y la batalla por el 2028 ya comenzó, aunque muchos todavía pretendan disimularla.
Una cosa es posar unidos para una fotografía y otra muy distinta es estar verdaderamente unidos cuando llega la hora de repartir el poder. El tiempo dirá quién está pensando en el PRM como estructura y organización política, y quién solamente está pensando en heredarlo para beneficio propio.