El sistema internacional atraviesa una de las transformaciones más profundas desde el final de la Guerra Fría.
Lo que comenzó hace algunos años como una disputa comercial entre los Estados Unidos y China ha evolucionado hacia una competencia estratégica de alcance global que involucra el comercio, la tecnología, la inteligencia artificial, los semiconductores, las cadenas de suministro, la energía, las finanzas, el espacio, la ciberseguridad y el poder militar.
La rivalidad entre las grandes potencias ya no constituye un fenómeno pasajero.
Todo indica que marcará las próximas décadas y redefinirá el funcionamiento de la economía internacional, las alianzas políticas y la arquitectura de la seguridad mundial.
Al mismo tiempo, conflictos regionales como la guerra en Ucrania, las tensiones en Oriente Medio y la creciente competencia en el Indo-Pacífico han acelerado la fragmentación del orden internacional.
Para un Estado de dimensiones medianas como la República Dominicana, esta nueva realidad exige una política exterior clara, estable y guiada por intereses permanentes más que por coyunturas políticas.
La historia demuestra que nuestro país ha sabido preservar su existencia soberana en medio de escenarios internacionales particularmente difíciles. Ha enfrentado guerras, ocupaciones militares, conflictos regionales y profundas transformaciones del sistema internacional sin perder su condición de Estado independiente.
Los dominicanos hemos construido una nación con identidad propia, instituciones permanentes y una cultura política que, con todas sus limitaciones, ha permitido defender la continuidad del Estado.
Esa experiencia histórica constituye uno de nuestros principales activos en un mundo nuevamente caracterizado por la incertidumbre.
Hoy la competencia entre las grandes potencias influye sobre prácticamente todos los aspectos de la vida internacional.
Las decisiones relacionadas con el comercio, la inversión extranjera, la energía, la infraestructura digital, las telecomunicaciones, la inteligencia artificial, la seguridad alimentaria y las cadenas de suministro tienen, cada vez más, implicaciones geopolíticas.
En consecuencia, la política exterior dominicana debe responder a una visión estratégica de largo plazo que preserve la soberanía nacional, fortalezca la seguridad del Estado y amplíe las oportunidades de desarrollo económico.
Entre los objetivos permanentes que deberían orientar esa política pueden destacarse los siguientes:
1. Defensa irrestricta de la soberanía nacional.
Proteger la integridad del territorio terrestre, marítimo y aéreo de la República Dominicana, así como defender los derechos soberanos del país en todos los foros y organismos internacionales.
2. Protección integral de los dominicanos en el exterior.
Garantizar una asistencia consular eficiente, fortalecer los vínculos con la diáspora y defender los derechos de los ciudadanos dominicanos residentes en otros países.
3. Promoción internacional de la República Dominicana.
Impulsar las exportaciones, las inversiones, el turismo, la cultura, la innovación y los servicios nacionales, fortaleciendo la imagen del país como una economía confiable y competitiva.
4. Consolidación de la relación estratégica con los Estados Unidos.
Profundizar una relación basada en el respeto mutuo, la cooperación y los intereses compartidos, reconociendo la importancia política, económica, comercial y humana que une a ambas naciones.
5. Desarrollo de relaciones equilibradas con todas las naciones amigas.
Mantener vínculos constructivos con Israel, los países árabes, China, la Unión Europea, América Latina y los demás socios internacionales, preservando siempre la independencia de las decisiones nacionales.
6. Fortalecimiento del multilateralismo y de las alianzas estratégicas.
Participar activamente en los organismos internacionales, promoviendo el respeto al Derecho Internacional, la solución pacífica de las controversias y la cooperación entre los Estados.
7. Preservación de la autonomía de la política exterior.
Evitar que la República Dominicana quede atrapada en la confrontación entre las grandes potencias, actuando siempre de acuerdo con el interés nacional permanente.
8. Protección de la seguridad nacional y de las infraestructuras estratégicas.
Fortalecer las capacidades del Estado frente a amenazas tradicionales y emergentes, incluyendo la ciberseguridad, la inteligencia artificial, las telecomunicaciones, la seguridad energética y la protección de infraestructuras críticas.
9. Diversificación de las relaciones económicas internacionales.
Ampliar mercados, atraer nuevas inversiones, fortalecer las cadenas de suministro y reducir la dependencia excesiva de un número limitado de socios comerciales.
10. Defensa del Derecho Internacional y de un orden mundial basado en normas.
Apoyar un sistema internacional en el que prevalezcan la igualdad jurídica de los Estados, el respeto a la soberanía, el cumplimiento de los tratados y la solución pacífica de los conflictos.
Los acontecimientos de los últimos años han confirmado que el mundo se ha vuelto más competitivo, más incierto y más fragmentado. En ese contexto, la política exterior no puede depender únicamente de las circunstancias del momento ni de los cambios de gobierno.
Debe sustentarse en principios permanentes que trasciendan las coyunturas y orienten la acción del Estado a largo plazo.
La República Dominicana no tiene interés en formar parte de la confrontación entre las grandes potencias. Su interés consiste en mantener relaciones de amistad y cooperación con todas las naciones, fortalecer sus alianzas estratégicas, defender su soberanía y aprovechar las oportunidades que ofrece la economía internacional, sin renunciar nunca a su capacidad de decidir conforme a sus propios intereses nacionales.
Esa es, probablemente, una de las tareas más importantes de la diplomacia dominicana en las próximas décadas.