En 2019, cuando la República Dominicana se encaminaba hacia las elecciones de 2020, formulé unas ideas que titulé “Propuesta para un Programa de Gobierno para el 2020-2028”.

Han transcurrido siete años desde entonces. Es tiempo suficiente para volver sobre aquellas propuestas, no con el propósito de reivindicar quién tenía razón, sino para formular una pregunta mucho más importante: ¿qué República Dominicana necesitamos construir ahora?

La propuesta comenzaba reconociendo los avances alcanzados durante los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana, pero también señalando problemas que permanecían pendientes.

Economía: crecer no basta

El primer logro que señalé fue la estabilidad y el crecimiento de la economía dominicana, acompañados por el aumento del empleo, el desarrollo empresarial y una mejoría sustancial de la producción agropecuaria.

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Pero inmediatamente advertí dos grandes asuntos pendientes: mejorar la distribución del ingreso y elevar la productividad.

El tiempo no ha eliminado ninguno de esos desafíos.

Una economía puede crecer durante muchos años y, sin embargo, mantener profundas diferencias sociales. El verdadero desarrollo comienza cuando el crecimiento económico se transforma en mejores salarios, vivienda, educación, salud, seguridad y oportunidades.

La República Dominicana necesita continuar creciendo, pero debe dar el salto de una economía basada fundamentalmente en costos competitivos hacia otra sustentada cada vez más en productividad, tecnología, conocimiento e innovación.

Educación: el gran problema sigue siendo la calidad

En 2019 reconocí como logros la tanda extendida, la construcción de escuelas, los programas de alfabetización y el desarrollo de la educación técnica.

Pero señalé también un fracaso fundamental: después de veinte años seguíamos arrastrando graves retrasos en la calidad de la enseñanza.

Propuse entonces una reforma integral del sistema educativo y la reorganización institucional de la educación pública.

Ese debate continúa vigente.

No basta construir aulas. No basta aumentar presupuestos. No basta repartir computadoras.

El objetivo de una escuela es que el estudiante aprenda.

Leer correctamente, escribir, comprender matemáticas, conocer nuestra historia, entender las ciencias, utilizar las nuevas tecnologías y desarrollar capacidad crítica deben convertirse nuevamente en el centro de la educación dominicana.

Salud y seguridad social

La propuesta reclamaba una evaluación, reforma y actualización del Sistema Dominicano de Seguridad Social.

Millones de ciudadanos aportan recursos al sistema y tienen derecho a recibir servicios adecuados cuando los necesitan.

La seguridad social no puede convertirse en un complicado laberinto administrativo entre aseguradoras, prestadores, médicos, hospitales y pacientes.

El ciudadano debe ocupar el centro del sistema.

Una política exterior para defender los intereses dominicanos

En materia internacional planteé cuatro grandes principios que continúan siendo esenciales.

Primero, la defensa de la frontera terrestre y marítima y de la integridad del territorio nacional ante los Estados y los organismos internacionales.

Segundo, la protección y promoción de los dominicanos residentes en el exterior.

Tercero, la promoción internacional de la República Dominicana, de sus productos, servicios, inversiones y oportunidades.

Cuarto, una política de amistades soberanas.

Propuse específicamente reforzar la amistad soberana con los Estados Unidos, profundizar las relaciones con Israel y simultáneamente fortalecer nuestros vínculos con los países árabes.

La expresión importante es amistad soberana.

La República Dominicana necesita aliados, pero su política exterior debe determinarse desde Santo Domingo conforme a los intereses permanentes de la nación dominicana.

Hoy agregaría cuatro objetivos a aquella lista que quedó inconclusa:

  1. Desarrollar una política activa hacia Haití fundamentada en cooperación, seguridad fronteriza y defensa inequívoca de la soberanía dominicana, procurando simultáneamente que la comunidad internacional asuma las responsabilidades que le corresponden frente a la crisis haitiana.
  2. Construir relaciones económicas y diplomáticas pragmáticas con las grandes potencias y los nuevos centros de poder mundial, preservando las alianzas históricas de la República Dominicana y evitando subordinaciones innecesarias.
  3. Convertir la diplomacia dominicana en instrumento activo para atraer inversiones, tecnología, mercados, turismo y oportunidades educativas.
  4. Fortalecer la presencia dominicana en el Caribe, Centroamérica, América Latina, Europa y los organismos multilaterales, desarrollando una política exterior proporcional al creciente peso económico y estratégico de la República Dominicana.

Reformar el Estado

La quinta parte de aquella propuesta planteaba tres reformas esenciales: modernización de la Administración Pública, transformación de la Policía Nacional y fortalecimiento y renovación de las Fuerzas Armadas.

Un Estado moderno necesita funcionarios profesionales, instituciones eficientes y procedimientos sencillos.

La reforma administrativa debe reducir duplicidades, eliminar trámites inútiles y aprovechar plenamente las posibilidades de la tecnología.

La Policía necesita profesionalización, mejores condiciones laborales, formación continua, controles institucionales y una relación diferente con los ciudadanos.

Y nuestras Fuerzas Armadas necesitan los medios humanos, tecnológicos y materiales necesarios para cumplir una misión fundamental: proteger la soberanía y el territorio de la República Dominicana.

Recuperar la vida municipal

El país no termina en Santo Domingo.

Propuse fortalecer los gobiernos municipales mediante la participación de los ciudadanos, preservar el medioambiente y hacer cumplir las normas indispensables para una convivencia civilizada.

Las ciudades dominicanas necesitan planificación.

El tránsito, las aceras, los residuos sólidos, los ruidos, la construcción, los parques, el transporte público y el ordenamiento territorial forman parte de la calidad de vida.

Un país moderno comienza también en el barrio, en el municipio y en la calle.

Turismo y medioambiente

El turismo constituye uno de los grandes éxitos económicos dominicanos.

Precisamente por eso debemos protegerlo.

El crecimiento hotelero debe mantener una coordinación permanente entre empresarios, Estado, comunidades y autoridades medioambientales.

Y debemos ampliar nuestra concepción del turismo.

La República Dominicana posee playas extraordinarias, pero también posee quinientos años de historia europea en América, ciudades históricas, iglesias, santuarios, montañas, gastronomía, música y una identidad cultural propia.

Por eso propuse desarrollar especialmente el turismo cultural y religioso.

La liberación dominicana pendiente

Utilicé deliberadamente en 2019 una expresión provocadora: “Liberación Dominicana pendiente”.

No me refería a un partido político.

Me refería a liberar al ciudadano de obstáculos creados por el propio Estado y de poderes económicos capaces de limitar la competencia.

Propuse eliminar leyes, decretos y regulaciones anacrónicas que obstaculizan el desarrollo del país y de las personas; facilitar que extranjeros debidamente identificados y documentados puedan aportar positivamente al desarrollo nacional; combatir las manipulaciones monopólicas y abrir espacios a una competencia económica verdadera.

También propuse facilitar una participación mucho mayor de la comunidad dominicana residente en el exterior.

Nuestros emigrantes no son solamente una fuente de remesas.

Son parte integral de la Nación Dominicana.

Renovar el Congreso

Propuse igualmente una renovación de la representación política.

El Congreso debe parecerse más a la sociedad que representa.

Mujeres y hombres, jóvenes, adultos y personas de mayor edad deben encontrar espacios efectivos de participación.

Pero la renovación no puede reducirse a edades o cuotas.

Necesitamos también elevar la calidad de la representación política, fortalecer la fiscalización del Poder Ejecutivo y recuperar plenamente la función legislativa del Congreso Nacional.

Una Constitución decidida por el pueblo

Finalmente planteé una reforma constitucional mediante una Asamblea Constituyente elegida por voto popular.

Una Constitución no debe convertirse en instrumento circunstancial de presidentes, partidos o mayorías pasajeras.

Debe expresar un pacto nacional suficientemente sólido para sobrevivir a quienes gobiernan.

Y defendí entonces un principio que sigo considerando fundamental:

Gobiernos de ocho años solamente.

Dos períodos constitucionales deben ser suficientes para cualquier presidente.

Quien no haya podido realizar su proyecto político después de ocho años difícilmente podrá justificar que necesita apropiarse indefinidamente del poder para terminarlo.

La alternabilidad constituye una garantía democrática.

Siete años después

Cuando escribí estas propuestas en 2019 nadie podía anticipar completamente la pandemia, las guerras que transformarían nuevamente la geopolítica, las actuales tensiones migratorias, la aceleración de la inteligencia artificial ni la reorganización de la economía mundial.

Pero precisamente esos acontecimientos hacen todavía más necesaria una visión nacional de largo plazo.

Los gobiernos pasan.

Los presidentes pasan.

Los partidos ganan y pierden elecciones.

La República permanece.

Por eso un programa nacional no puede limitarse a cuatro años ni reducirse al catálogo de promesas de una campaña electoral.

Necesitamos preguntarnos qué República Dominicana queremos dentro de veinte o treinta años.

Una República económicamente próspera, socialmente equilibrada, institucionalmente fuerte, internacionalmente respetada y suficientemente segura de sí misma para relacionarse con todos sin someterse a nadie.

Una República que conserve como fundamento aquello que proclama nuestro Escudo Nacional:

DIOS, PATRIA, LIBERTAD.

Ese era el propósito de aquella propuesta de 2019.

Y, siete años después, buena parte de la tarea continúa pendiente.

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