Nos conocimos una mañana en los inicios de los 70. Un grupo de antiguos compañeros lasallistas y salesianos -Cholo Brenes, José Manuel López Valdez y Carlitos Pimentel-, acompañados de Eduardo García Michel, se presentó en mi hogar para que me uniera en una misión solidaria. Visitar al profesor Juan Bosch y pedir sus orientaciones para gestionar la libertad de un estudiante dominicano de sociología, Pablo Maríñez, detenido en Madrid imputado de colaborar con grupos antifranquistas. La diligencia resultó exitosa y su beneficiario haría carrera académica en la UNAM y como embajador en México.
Este vínculo se multiplicó en seminarios académicos, grupos de diálogo que registran décadas, labores profesionales compartidas como aquellos talleres con los partidos y la sociedad civil sobre reformas políticas, electorales y municipales realizados en Siglo 21. Cuyos acuerdos servirían de base a las reformas constitucional del 94 y electoral del 97, que prohibieron la reelección e introdujeron la mayoría absoluta y la doble vuelta a nivel presidencial, el voto en el exterior, los distritos menores para la elección de diputados en las grandes ciudades, y el financiamiento público a los partidos.
Nuestro autor realizó estudios de economía en la Complutense de Madrid, años que evoca en esta selección de textos, cuando los bríos juveniles le llevaron a aventurar jornadas a cielo abierto junto a otros estudiantes por las rutas de Pamplona y los sanfermines, el bucólico Bois de Boulogne parisino, transitando Luxemburgo, Suiza, Bélgica, Holanda, Alemania. Hasta arribar a la vieja Roma del Coliseo y a la romántica Venecia de las góndolas y puentes.
En sus retornos cíclicos a Madrid, Eduardo disfruta al realizar los plácidos recorridos por sus antiguos barrios y vías emblemáticas, recreando el tiempo de sus años mozos. Un goce reiterado en Alcalá de Henares, tras la huella de Cervantes. Y al empapar sus ojos ávidos de belleza plasmada en los museos del Prado, Louvre, Hermitage, y MOMA de la urbe neoyorkina.
García Michel laboró en el BNV, BC, SEREX, UASD y la Junta Monetaria. Al igual que en la consultora Ecocaribe. Su interés por los temas económicos y sociales, con incursiones en la política, le ha llevado al ejercicio de la comunicación en programas de TV y en la columna semanal que nos entrega en Diario Libre.
Brama en sus contribuciones un hondo dolor de Patria, al observar cómo se desdibujan valores de una identidad perforada por múltiples costados. Le lacera la emigración de más de 2 millones de dominicanos expulsados de su lar natal que hoy moran en el Norte y remiten remesas familiares que superan los 10 mil millones de dólares. Esa cifra celebrante le luce recordatorio de incapacidad de proveer futuro cierto a nuestra gente.
Le mortifica la presencia descontrolada de nacionales haitianos que dominan la zafra azucarera, las cosechas de arroz, café y cacao, plátanos y guineos, y otras faenas agropecuarias. Le calcina que estos inmigrantes ilegales cubran los oficios en la construcción, el motoconcho, la seguridad en los edificios y las ventas callejeras de frutas. Una mancha que se extiende al turismo, las aulas escolares y universitarias, y a los hospitales. Le aterra se esté fraguando una minoría nacional que arrastra perfiles étnicos contrastantes y antiguos resabios de dominación territorial ejercida en el pasado.
García Michel rinde tributo a la mocanidad. A la matriz de la Patria Chica que lo vio nacer, jugar como Coco en sus calles y estudiar en el disciplinado centro salesiano, proveedor de conocimientos útiles, normas de conducta y sanas prácticas deportivas como el futbol.
Moca prohijó hombres bravíos que liquidaron tiranos en dos siglos, caudillos progresistas y democráticos como los primos Mon y Horacio, cuyo legado se preserva en sendos museos de sitio. Es fragua de profesionales liberales, cultores de las letras, educadores, jurisconsultos, músicos y artistas, líderes comunitarios que han impulsado su desarrollo. Su yuca tiene bien ganada fama en la mesa dominicana, junto a su café y cacao, las galletas de manteca y otras exquisiteces comarcanas.
En el cruce de Moca y la historia nacional, Eduardo ha encontrado espacio para reivindicar el papel honroso de su familia en la gesta libertaria del 30 de Mayo, motivo de artículos que figuran en este libro y de obras de mayor calado realizadas como historiador probado de esos hechos.
Hay una constante en sus columnas de Diario Libre. La relegación en las políticas públicas y en el debate mediático de los temas cardinales de la agropecuaria y su entronque con la industria nacional. Como ganadero, le mortifica que las exportaciones de vacuno se mantengan trabadas por obstáculos que lucen insuperables. Igual le preocupa cómo la ganadería de leche sufre los embates de las marcas blancas de los súper que se abastecen de Europa. Como si a las ubres criollas se les hubiese decretado vacaciones prolongadas.
El cacao -que tuvo en el 2024 su mejor precio- cayó ese año en volumen un 26 %. Un reglón que exporta entre 200 y 300 millones de dólares debería concitar mayor atención e inversión pública/privada para renovar los cacaotales cansados. Aunque empresas industriales y artesanales aprovechan esta almendra para producir bienes finales de calidad, su peso es insignificante en nuestras exportaciones. Piénsese en Alemania, que no produce un solo grano de cacao, y es el mayor exportador de chocolate del planeta.
Del café y de los cítricos hemos permitido que las plagas castiguen su beneficio, suplantando el cultivo local con importaciones masivas, como hiciéramos al desmantelar las plantaciones de maíz y sorgo que servían de alimento avícola y ganadero, ahora importados. Los bananos, con posicionamiento internacional en nichos como el orgánico, desvanecen en su producción/exportación.
De la producción azucarera que otrora suplía el consumo local y las exportaciones con 16 ingenios, agregando melaza para alimento de ganado y destilación de alcoholes para la industria del ron, sólo queda una sombra. En cambio, sin que el Estado propiciara estrategia alguna y gracias a un grupo de empresarios integrados en ProCigar bajo el liderazgo de Hendrik Kelner, hemos logrado con calidad y marketing la colocación de cigarros premium por 1,300 millones de dólares. Ejemplo para estudiar y replicar.
A nuestro portafolio exportador se suman vegetales de invernadero y productos étnicos como casabe. Los arroceros enriquecen su oferta local y buscan nichos en USA. El turismo adquiere bienes del agro y la industria. Pero falta enaltecer más renglones tradicionales y agregarles valor competitivo. Argentina suple harina y aceite de soya, maíz, trigo, maní y carne, camiones y petróleo. En 2024 Brasil exportó US$337 mil millones, 49 % en agronegocios: soya, azúcar, maíz, carnes, café. Chile superó US$100 mil millones: cobre y litio 50 %, más salmones, jureles, mejillones, cerezas, ciruelas, flores, celulosa, madera.
El autor urge reformar el sector eléctrico y reducir pérdidas de las EDES que cubren las finanzas públicas. Aplicar racionalidad a los subsidios des focalizados que lastran el gasto. Desmontar el déficit fiscal que genera la deuda pública onerosa y tumba la inversión de capital; y el cuasi fiscal que coloca camisa de fuerza al Banco Central en sus políticas.
Clama por una reforma a la seguridad social que iguale cápita del régimen contributivo y el subsidiado, universalice beneficios y habilite la atención primaria. Aboga flexibilizar el Código de Trabajo en la cesantía, formalizar las MiPymes y ampliar la protección social del trabajo. Restaurar la ética laboral en la burocracia pública y el tejido productivo.
Plantea soluciones viales pragmáticas que corrijan entuertos en intersecciones críticas del caótico tránsito en Santo Domingo. Llama a controlar a motoristas malabaristas sin frenos, patanas asesinas que vuelan a velocidad temeraria. Y a retirar agentes DIGESETT brutos que suplantan semáforos inteligentes y crean tapones kilométricos.
Un rasgo me une a Eduardo García Michel, a los Cassá Logroño-Bernaldo de Quirós y también a Efraím Castillo. Es la conexión con el valle encantado de Constanza. Allí pasé mi niñez feliz y adolescencia despierta acunado por mi familia sancarleña, habitando la cabaña levantada en pino rústico por mi tío médico sanitario Manuel Emilio Pichardo Sardá, Mané. Quien hizo la campaña contra la malaria en La Vega y se enamoró de la belleza de esa comarca bendecida por la gracia de la naturaleza.
En los 50 e inicios de los 60 disfruté los baños salutíferos en el represado balneario El Chorro, el descenso en yaguas deslizantes por las laderas de El Gajo, las lomas juguetonas de aserrín de los aserraderos de José Delio Guzmán. El calor humano de Cunda y su hospedaje y del inmenso empresario libanés Marún Tactuk.
Mis ojos todavía se embelesan en lontananza con las flores de los jardines Clavel y Radiante situados en el costado izquierdo a la entrada de la villa y con el espectáculo de neblina mañanera que arropa las tierras feraces del valle y besa con el botón escarchado la piel de sus plantas. Viví a plenitud la llegada de los colonos españoles y con ellos sembré papas y zanahorias, coseché cebollas y repollos, recogí fresas y moras de la huerta casera. Canté pasodobles y bailé jotas guitarreadas, engullendo sus modestas sopas de patatas y cebollas, acompañadas de pan rústico.
Viví el arribo de los húngaros y japoneses que se asentaron en el valle y la construcción del espléndido Nueva Suiza y su mirador privilegiado. Acudí a las alturas celestiales de Valle Nuevo con mi saquito de lana de gente grande y mi gorra de capitán de barco, bajo el frío gélido abrazándome el cuerpo. Ese temblor de naturaleza limpia lo siente por igual Eduardo cuando venera el bosque y sus misterios arcanos. Y defiende valiente su preservación ante la voracidad inclemente de los humanos.
Por tantos méritos, invito a los lectores del tomo II de Vitriólico y sus personajes a penetrar por los pasillos de esta compilación de textos semanales de García Michel, en ocasiones acompañado por los diálogos de sus amigos: el reflexivo filósofo Vitriólico y su interlocutor preferencial Abimbaíto. Encontrarán en el recorrido un material sabio, valiente y refrescante, además de bien escrito en buen castizo. Tocado por un solo clamor reclamante de alguien con sentido compromisario de verdadera Patria. De esa que hoy parece se nos desvanece.