Hay momentos en la vida política de un gobierno en los que no basta con administrar: hay que sacudir, renovar, corregir y relanzar. Y eso es precisamente lo que ha comenzado a hacer el presidente de la República, Luis Rodolfo Abinader Corona, con la revolución de cambios, decretos y nuevas designaciones anunciadas este domingo.
Estas decisiones no solo son acertadas: eran necesarias y urgentes. El Gobierno necesitaba oxígeno, sangre nueva, capacidad de respuesta y una señal contundente de que el mandatario había entendido el mensaje que desde hace tiempo venía enviando la sociedad dominicana.
La administración lucía agotada, desgastada, envejecida y, en algunas áreas, desconectada de la realidad política y social del país. Y había razones para ello: demasiados funcionarios convertidos en verdaderas chatarras administrativas; ineptos, incapaces, inoperantes y sin sensibilidad política ni social, que terminaron convirtiéndose en una pesada carga para el presidente Abinader y su proyecto de cambio.
Funcionarios que olvidaron que llegaron al poder gracias a un país que apostó por algo diferente. Que depositó su confianza, su fe y su esperanza en el liderazgo de Luis Abinader y en la promesa de transformar la forma de gobernar la República Dominicana. Cuando un funcionario no funciona, hay que cambiarlo. Cuando un servidor público se desconecta del pueblo, hay que sustituirlo. Y cuando una administración comienza a perder dinamismo y esperanza, el gobernante tiene la obligación de reaccionar antes de que sea demasiado tarde, eso es gobernar. Por eso considero que los cambios realizados por el presidente Abinader constituyen una importante sacudida política y administrativa, que puede marcar el inicio de una nueva etapa de su gestión.
Pero estos decretos deben ser apenas el comienzo. El presidente tiene que continuar evaluando su tren gubernamental y desprenderse, sin contemplaciones, de todo funcionario que no produzca resultados, que no conecte con la ciudadanía y que se haya convertido en un obstáculo para la eficiencia y la buena imagen de su administración.
No puede haber espacio para funcionarios acomodados, indiferentes ni incapaces, en un Gobierno que necesita recuperar entusiasmo, confianza y esperanza. Luis Abinader todavía tiene tiempo para relanzar su administración, corregir errores, fortalecer sus mejores políticas públicas y terminar su mandato dejando una huella positiva en la historia política dominicana.
Los cambios anunciados envían una señal poderosa: el presidente está escuchando, reaccionando y tomando decisiones. Ahora corresponde a los nuevos ministros y directores demostrar que fueron designados para servir al pueblo y no para servirse del poder.
Presidente Abinader: siga cambiando lo que tenga que cambiar, sacuda donde tenga que sacudir y corrija donde tenga que corregir. No permita que administrativos ineficientes hundan el proyecto político y gubernamental que millones de dominicanos ayudaron a construir. El cambio también significa tener el valor de cambiar a quienes no funcionaron. ¡Enhorabuena gobernante Abinader!