El presidente de Brasil, Luiz Ignacio Lula da Silva, declaró recientemente que las relaciones entre los países de América Latina deben basarse estrictamente en los intereses soberanos de cada Estado y no en las afinidades o diferencias ideológicas de sus gobernantes de turno, apelando de esa manera al pragmatismo regional.
El problema es que los Estados a que se refiere Lula, en muchos casos, no son soberanos, si no vasallos y neofascistas.
Ese pronunciamiento se produjo en una entrevista concedida al periódico Meteoro Brasil, en la que Lula destaca la importancia del pragmatismo y de la unidad regional por encima de las diferencias políticas-ideológicas entre gobiernos latinoamericanos lacayos y gobiernos que por lo menos apuestan a recuperar su independencia.
Estas afirmaciones surgieron en medio del choque político con el gobierno neofascista argentino de Javier Milei, defendiendo la ilusión de una integración regional completa, como factor para negociar en bloque frente a EEUU y sus socios imperialistas.
La realidad, sin embargo, es otra y las ciencias sociales apuntan en dirección diametralmente opuesta a esa manera de pensar.
· Los Estados representan intereses y dominio de clase o de determinadas facciones de la clase dominante-gobernante, que a su vez expresan concepciones ideológicas que gravitan fuertemente en las relaciones interestatales.
· No hay estados imparciales -aun si representan intereses políticos y posiciones ideológicas distintos dentro y fuera del propio capitalismo- incluso cuando sostienen relaciones diplomáticas más o menos estables.
· Hay Estados capitalistas-imperialistas soberanos y los hay subordinados, dependientes, neocoloniales, sin soberanías; incluso con gobiernos lacayos.
· Hay Estado sometidos a la estrategia neoliberal y otros no.
· Hay estados con orientación socialistas y otros no.
· Están los gobiernos llamados progresistas de múltiples matices, incluso unos bastante independientes de EEUU y otros no.
· Los hay también unos más ambiguos y blandos que otros.
· Incluso entre las neo-colonias y las colonias latino-caribeñas las hay con gobiernos neofascistas y ultraderechistas y otros con democracias o seudo-democracias formalmente liberales.
· La región está polarizada cada vez más alrededor de las posiciones que se han asumido ante la agresiva la Estrategia de Seguridad neo-monroista y nrofascistas de EEUU.
· Un total de 18 países de nuestra América se han integrado a una COLALICIÓN MILITAR REGIONAL dirigida por el Comando Sur del Pentágono paras EEUU imponerse por la fuerza en todo el continente, invadiendo mares y territorios, tendiendo cercos, ejecutando presiones, agresiones militares y de todo tipo. Los estrangulamientos económicos los fraudes o golpes electorales y el uso de la fuerza militar vuelven a desplegarse.
· La decadencia mundial de EEUU y los reveses militares sufridos en el Golpe Pérsico y en Europa Oriental lo lleva a refugiarse con saña en esta región; con la clara intención de apropiarse y robarse sus valiosas riquezas naturales y muy especialmente su petróleo, su gas natural, oro, litio, titanio, tierras raras, uranio, cobalto, agua y biodiversidad.
· Venezuela bolivariana y chavista fue víctima señera de esa estrategia, dándole un duro golpe a la nueva independencia de la región y al proceso de confrontación mundial con la maltrecha hegemonía de EEUU.
· Si bien la claudicación de una camada de dirigentes fundamentales del Estado y el gobierno chavista, sellaron con su traición o su cobardía claudicante, la vuelta a la neo-colonialidad y el establecimiento de una especie de protectorado yanqui bajo la presidencia interina de Delcy Rodríguez… la postura previa de Lula, lejos de contrarrestar el plan invasor trumpista y el secuestro de Maduro, los facilitó.
· Durante su tercer mandato presidencial iniciado en 2023, Luiz Ignacio Lula da Silva pasó de un determinado pragmatismo con Nicolás Maduro a un progresivo distanciamiento político-ideológico, lanzando duras críticas públicas hacia lo que él definió como autoritarismo antidemocrático del gobierno venezolano.
· Tras la proclamación de Maduro como ganador de las elecciones del 2024, Lula se negó a reconocer el resultado oficial.
· En agosto de 2024, en una entrevista radial, calificó al gobierno venezolano como un «régimen muy desagradable y con una tendencia autoritaria» y sugirió celebrar nuevas elecciones con supervisión internacional, o formar un gobierno de coalición provisional; propuestas rechazadas tajantemente tanto por la oposición como por Maduro.
· En ese caso Lula asumió como Estado una posición ideológica.
· Pero lo peor y más grave de todo fue que en la Cumbre de los BRICS en Kazán (Rusia) -desde ese enfoque ideológico sobre la democracia- Lula vetó la inclusión de Venezuela como país asociado al bloque emergente.
· Toda una puñalada por la espalda que privó a Venezuela de las ventajas políticas y económicas de ese ingreso y facilitó el reforzamiento del bloqueo y los planes de agresión de EEUU a Venezuela; actitud cuestionable sintetizada en la idea de que «Maduro es un problema de Venezuela, no de Brasil”, expresada por Lula en esa ocasión.
· Venezuela, y también Nicaragua, se quedaron entonces fuera de los BRICS por presión de Brasil, por el bochornoso veto de su presidente Luis Ignacio –Lula- da Silva.
La relativa independencia del emergente imperialismo brasileño sustentaba por LULA frente a EEUU, no se aplicó en el crucial caso venezolano, lo que avala el criterio de que el Brasil de LULA en los BRICS es una especie de puente con EEUU y con el Imperialismo Occidental y de que él actuó contra la soberanía de Venezuela, combatiendo una posición ideológica y defendiendo posturas ideológicas respecto al temas tales como soberanía y democracia.
Así de sencillos y profundos son los puntos que nos distancian en cuanto a las concepciones asumidas frente a la Estrategia de Seguridad Nacional que EEUU trata de imponer a escala continental.
