Santo Domingo.– Tapamos hoyos, no pavimentamos. Esta es la metáfora exacta de cómo gestionamos lo público y lo privado en este país. Lo hacemos con parches. La vía se deteriora, sale la cuadrilla, rellena el bache y todos respiramos aliviados hasta el próximo aguacero.
Vivimos en modo reactivo. La microgerencia nos consume el día: apagar el fuego de hoy, resolver la crisis de la semana, sobrevivir en el trimestre. En ese ajetreo permanente se nos olvida preguntar: ¿hacia dónde vamos? ¿Cuál es el plan a 10 años? ¿Quién está pensando en la infraestructura que necesitaremos en 2036, en el capital humano que hará falta, en el modelo económico que sostendrá la próxima generación?
Crecimiento sin desarrollo sostenible
La urgencia devora la importancia todos los días en todas las instituciones. Y aquí está, señores, la trampa. Crecemos. Las cifras macro no mienten. Hay inversión, hay consumo, hay movimiento, pero crecer no es lo mismo que desarrollarse.
Se puede crecer por años tapando huecos y seguir siendo, en el fondo, el mismo país, con el mismo pavimento roto. El desarrollo exige otra cosa: visión, disciplina, sacrificar la ganancia inmediata por la solidez futura. Exige gobernar y liderar empresas pensando en el puente completo, no en el próximo bache.
Visión de largo plazo y gestión pública
Podemos seguir remendando o podemos, por fin, empezar a pavimentar. La diferencia entre crecer y desarrollarnos está justamente en esa decisión.