Frank Moya Pons, Juan Bosch y las guerrillas haitianas
Documentos secretos de EE.UU. revelan que Juan Bosch no permitió el uso de RD como base para guerrillas haitianas en 1963, contradiciendo afirmaciones previas.
Lo que los documentos secretos de Washington revelaron cuarenta años después.
La historia tiene una virtud que a veces resulta incómoda para quienes la escribimos: nunca termina definitivamente.
Un historiador trabaja con los documentos disponibles en su tiempo.
Años o décadas después aparecen nuevos papeles, se abren archivos secretos y documentos que permanecieron clasificados permiten comprobar, corregir o matizar afirmaciones que durante mucho tiempo fueron aceptadas como ciertas.
Eso es precisamente lo que ha ocurrido con un episodio fundamental de la historia dominicana de 1963: Juan Bosch, León Cantave, las operaciones contra François Duvalier y el golpe de Estado del 25 de septiembre.
Tengo delante de mí un ejemplar de El pasado dominicano, de Frank Moya Pons, publicado por la Fundación J. A. Caro Álvarez en Santo Domingo en 1986. La existencia, fecha, extensión de 401 páginas y contenido de esa edición están registrados por la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña.
Uno de sus capítulos lleva por título:
“Haití y la República Dominicana: Otra Historia”.
En la página 141 aparece una afirmación que desde hace cuarenta años considero históricamente equivocada.
Refiriéndose a las relaciones dominico-haitianas durante 1963, Moya Pons escribió:
“El gobierno dominicano de entonces, apoyó grupos de guerrilleros que debían invadir a Haití.”
La frase es inequívoca.
No dice que algunos militares dominicanos apoyaban a los guerrilleros.
No dice que determinados comandantes fronterizos colaboraban con ellos.
No dice que organismos de inteligencia norteamericanos respaldaban a los exiliados haitianos.
Dice:
“El gobierno dominicano de entonces”.
Y el Gobierno dominicano de entonces era el Gobierno constitucional presidido por Juan Bosch.
Yo había investigado el asunto antes
Hay una circunstancia que para mí tiene una significación especial.
Un año antes de la publicación del libro de Frank Moya Pons, en septiembre de 1985, puse en circulación mi libro El Misterio del Golpe de 1963.
Juan Bosch estuvo allí.
También estaba el historiador José Chez Checo.
Precisamente se discutieron las interpretaciones existentes sobre el golpe de Estado y sobre los acontecimientos haitianos que habían ocurrido en las semanas anteriores al derrocamiento del Gobierno constitucional.
En mi propio ejemplar de El pasado dominicano, junto al párrafo de Moya Pons, quedó escrita una anotación que todavía puede verse:
“Fue tratado en mi libro de Sept. 1985”.
Aquello ocurrió cuando una parte fundamental de la documentación estadounidense permanecía todavía clasificada.
Mi investigación de entonces tuvo que realizarse con testimonios, entrevistas, prensa contemporánea, documentación parcialmente disponible y reconstrucción histórica.
Mi ensayo documental posterior recuerda precisamente esa circunstancia: cuando apareció El Misterio del Golpe de 1963, muchos de los documentos que hoy conocemos todavía estaban cerrados.
(Bosch, la CIA y el Golpe de 1963 Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes 3.pdf).
Lo extraordinario es lo ocurrido después.
Los documentos estadounidenses comenzaron a hablar.
Y lo que dicen obliga a revisar la afirmación de que el Gobierno de Bosch apoyaba a los guerrilleros haitianos.
18 de julio de 1963: Bosch dice que no
El primer documento fundamental procede del Special Group, el organismo estadounidense encargado de supervisar operaciones encubiertas.
El memorando del 18 de julio de 1963 registra que anteriormente se había aprobado una propuesta destinada a conseguir un entendimiento secreto con Bosch para utilizar exiliados haitianos desde territorio dominicano.
(Bosch, la CIA y el Golpe de 1963 Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes 3.pdf)
Pero ocurrió algo decisivo.
Bosch no aceptó.
El documento norteamericano lo dice expresamente:
“President Bosch has now decided that he is unwilling to allow such an exile force to use his country as a base for military operations against Duvalier.”
Es decir:
El presidente Bosch había decidido que no estaba dispuesto a permitir que una fuerza de exiliados utilizara su país como base para operaciones militares contra Duvalier.
(Bosch, la CIA y el Golpe de 1963 Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes 3.pdf)
Este documento no fue escrito por Bosch.
No fue redactado por el PRD.
No fue producido veinte años después para defender la memoria del Presidente derrocado.
Es un documento del aparato de seguridad nacional de los Estados Unidos, redactado mientras Bosch gobernaba.
La importancia historiográfica es enorme.
Washington quería utilizar territorio dominicano.
Bosch se negó.
Pero la CIA continuó
La historia se vuelve todavía más reveladora cuando llegamos a septiembre.
Un memorando del 10 de septiembre de 1963, apenas quince días antes del golpe, informa sobre las actividades de la CIA relacionadas con los exiliados haitianos.
El documento dice que la Agencia había estudiado las intenciones y capacidades de diversos grupos, les había proporcionado pequeñas cantidades de dinero y continuaba trabajando con ellos.
(Bosch, la CIA y el Golpe de 1963 Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes 3.pdf)
Y entonces aparece una información extraordinaria: la CIA había suministrado cien fusiles y municiones a un grupo de exiliados haitianos protegido por un comandante dominicano destacado en la frontera.
(Bosch, la CIA y el Golpe de 1963 Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes 3.pdf).
Aquí comienza a aparecer la verdadera historia.
Bosch había rechazado que la República Dominicana sirviera como plataforma militar.
Pero las operaciones no habían terminado.
La CIA continuaba trabajando con los exiliados y un comandante militar dominicano les proporcionaba protección en la frontera.
Por tanto, debemos hacer una distinción histórica elemental: el Presidente de la República no es necesariamente lo mismo que unos oficiales que actúan sin su autorización.
Y esa distinción resulta todavía más importante cuando sabemos lo que ocurrió quince días después.
Cantave aparece en el centro de la historia:
El personaje fundamental era el general haitiano León Cantave, enemigo de Duvalier y dirigente de fuerzas exiliadas que pretendían derribar al régimen haitiano.
La documentación que he venido estudiando muestra relaciones entre las fuerzas vinculadas a Cantave y determinados mandos militares dominicanos.
(Historia y Verdades Comprobadas El Golpe de Estado a Juan Bosch, el Asesinato de Kennedy y los Documentos que Siguen Reescribiendo la Historia Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes 4.pdf)
Pero faltaba una pregunta:
¿Lo sabía Juan Bosch?
La respuesta aparece en uno de los documentos más importantes de toda esta historia.
John Bartlow Martin habla después del golpe:
El 25 de septiembre de 1963 Juan Bosch fue derrocado.
Dos días después, el 27 de septiembre, el embajador estadounidense John Bartlow Martin informó al Departamento de Estado sobre su conversación con el Presidente derrocado.
El cable recoge lo que Bosch había explicado durante aquellas horas dramáticas.
Bosch estaba profundamente decepcionado de oficiales militares en quienes había confiado.
Y entonces Martin registra algo extraordinario.
Bosch dijo que solamente durante aquella última y fatal entrevista había descubierto que esos militares estaban trabajando con Cantave y proporcionándole apoyo en el enfrentamiento entre las fuerzas de Duvalier y los rebeldes haitianos en el área de Dajabón.
(Bosch, la CIA y el Golpe de 1963 Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes 3.pdf)
El documento recoge las palabras:
“Bosch asserted that he had found out only during the last fateful interview that they had been working with Cantave…”
(Bosch, la CIA y el Golpe de 1963 Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes 3.pdf)
Hay cuatro palabras fundamentales:
“had found out only”.
Bosch acababa de enterarse.
Entonces surge una pregunta inevitable.
¿Cómo puede atribuirse al Gobierno de Bosch el apoyo a las guerrillas de Cantave si Bosch declaró que acababa de descubrir que sus propios militares estaban colaborando con ellas?
Y no estamos hablando de una explicación elaborada por Bosch veinte años después.
Estamos hablando de lo que dijo en las horas mismas de su derrocamiento y de lo que el embajador de los Estados Unidos comunicó oficialmente a Washington dos días después.
Ese detalle es crucial. El cable demuestra que la cuestión de Cantave no fue una justificación inventada posteriormente durante el exilio. Martin la registró inmediatamente después del golpe.
(Bosch, la CIA y el Golpe de 1963 Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes 3.pdf)
La secuencia documental:
Cuando colocamos los documentos en orden cronológico, el panorama adquiere una claridad extraordinaria.
18 de julio de 1963: los documentos estadounidenses registran que Bosch se niega a permitir que fuerzas de exiliados utilicen la República Dominicana como base militar contra Duvalier.
10 de septiembre: la CIA informa que continúa apoyando a exiliados haitianos y que ha suministrado armas; además, uno de esos grupos recibe protección de un comandante dominicano en la frontera.
25 de septiembre: Bosch descubre que militares dominicanos en quienes había confiado estaban trabajando con Cantave.
27 de septiembre: John Bartlow Martin comunica esa revelación al Departamento de Estado.
Esta misma secuencia aparece reconstruida en mis investigaciones posteriores.
(Historia y Verdades Comprobadas El Golpe de Estado a Juan Bosch, el Asesinato de Kennedy y los Documentos que Siguen Reescribiendo la Historia Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes 4.pdf)
No es una hipótesis construida cuarenta años después.
Son documentos oficiales producidos mientras ocurrían los acontecimientos.
El error de confundir a los militares con el Gobierno:
Aquí está, a mi juicio, el problema esencial de la afirmación publicada por Frank Moya Pons en 1986.
Había dominicanos apoyando a los exiliados haitianos.
Eso parece documentalmente establecido.
Había militares dominicanos involucrados.
También.
Había operaciones norteamericanas contra Duvalier.
También.
La CIA trabajaba con exiliados haitianos y llegó a proporcionarles armas.
También está documentado.
Pero de ahí no se desprende que el Gobierno constitucional de Juan Bosch estuviera apoyando esas operaciones.
Los documentos que posteriormente aparecieron muestran precisamente una fractura entre la autoridad constitucional y determinados mandos militares.
Mi investigación documental lo formula de esta manera: mientras Bosch se negaba a permitir que el territorio nacional fuera utilizado como base contra Duvalier, sectores militares dominicanos actuaban vinculados a los exiliados haitianos.
(Historia y Verdades Comprobadas El Golpe de Estado a Juan Bosch, el Asesinato de Kennedy y los Documentos que Siguen Reescribiendo la Historia Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes 4.pdf)
Eso cambia completamente la interpretación.
Y entonces vino el golpe:
Hay todavía otra dimensión.
El memorando estadounidense del 10 de septiembre describía a Bosch como anticastrista y antisoviético y señalaba que la oposición principal contra él procedía de la derecha y de sectores del Ejército. También reconocía la existencia de condiciones que podían conducir a un golpe.
Quince días después Bosch estaba derrocado.
Por eso la cuestión de Cantave no puede considerarse una simple anécdota fronteriza.
Toca el problema central de la autoridad presidencial.
Bosch había prohibido una determinada utilización del territorio dominicano.
Sin embargo, determinados militares dominicanos actuaban de otra manera.
Cuando el Presidente descubrió lo que ocurría, la crisis entre el poder constitucional y los mandos militares estaba llegando precisamente a su desenlace.
1985, 1986 y cuarenta años después:
Aquí aparece finalmente una ironía de la historia.
En 1985, Juan Bosch, José Chez Checo y quien escribe estas líneas discutíamos públicamente estas cuestiones durante la puesta en circulación de El Misterio del Golpe de 1963.
En 1986, Frank Moya Pons publicó El pasado dominicano. Su libro, efectivamente publicado ese año por la Fundación J. A. Caro Álvarez, contiene el capítulo “Haití y la República Dominicana: otra historia”, iniciado en la página 127.
En su página 141 quedó aquella afirmación:
“El gobierno dominicano de entonces, apoyó grupos de guerrilleros que debían invadir a Haití.”
Cuarenta años después tenemos documentos que entonces permanecían secretos.
Y esos documentos permiten establecer una distinción que considero fundamental: no fue Juan Bosch quien apoyó clandestinamente a Cantave.
La evidencia que he examinado muestra otra cosa.
Bosch rechazó que la República Dominicana fuera utilizada como base para operaciones militares contra Duvalier.
La CIA continuó trabajando con los exiliados.
Determinados militares dominicanos colaboraron con ellos.
Y Bosch declaró al embajador Martin que descubrió esa colaboración solamente cuando su propio Gobierno se precipitaba hacia el golpe.
La historia tiene derecho a rectificarse
No escribo esto para disminuir la obra historiográfica de Frank Moya Pons.
Los historiadores trabajamos inevitablemente dentro de los límites documentales de nuestra época.
Pero precisamente por eso existe una obligación superior: cuando aparecen nuevos documentos, debemos regresar a los hechos.
Yo investigué estos acontecimientos en 1985 con los materiales que entonces tenía disponibles.
Moya Pons publicó su afirmación en 1986.
Hoy disponemos de documentos internos del Gobierno de los Estados Unidos que ninguno de nosotros podía manejar entonces con la amplitud actual.
Y esos documentos permiten someter aquella afirmación a una prueba que en 1986 no era posible realizar.
La conclusión que extraigo es clara:
Frank Moya Pons confundió la actuación clandestina de determinados militares dominicanos —vinculados a las operaciones de Cantave y a una trama en la que intervenían organismos estadounidenses— con la política del Gobierno constitucional de Juan Bosch.
Eran dos cosas distintas.
Y esa diferencia no es secundaria.
Puede ser una de las claves para comprender lo que realmente ocurrió durante aquellos días de septiembre de 1963.
Porque mientras Bosch era Presidente constitucional de la República, había fuerzas que actuaban dentro del territorio nacional sin que el Presidente conociera plenamente lo que estaban haciendo.
Dos días después de su derrocamiento, el propio embajador John Bartlow Martin dejó constancia documental de ello.
Más de sesenta años después del golpe y cuarenta años después de aquella discusión historiográfica, los documentos nos permiten volver sobre el expediente.
No para reescribir caprichosamente la historia.
Sino para hacer lo que debe hacer siempre un historiador: volver a los documentos.
Y cuando los documentos contradicen una versión establecida, tener la obligación intelectual de decirlo.
Porque los historiadores podemos equivocarnos.
Los documentos permanecen.