El plan neofascista y neocolonial de M. Rubio y Leah Campos
El Departamento de Estado de EE.UU. respalda la agenda intervencionista de Leah Campos en República Dominicana, promoviendo un plan neofascista y neocolonial.
El Departamento de Estado de los Estados Unidos respaldó la “activa agenda” intervencionista que lleva a cabo su embajadora en la República Dominicana, Leah Francis Campos.
Esa agenda persigue imponer aquí y en todo el continente un plan político neofascista y neocolonial, con todo el descaro del mundo.
El Departamento de Estado de EEUU, a través de un portavoz oficial, confesó con exagerada prepotencia que las “constantes interacciones” de esa connotada agente de la CIA, en funciones diplomática —que incluyen reuniones con sectores políticos, con la prensa tradicional y con ciertas plataformas de influencers— “no son casualidades individuales”.
Según sus palabras forman parte de “una estrategia institucional diseñada para promover los intereses de su nación y alcanzar audiencias diversas bajo la política de «America First» (América Primero) impulsada por el presidente Donald Trump”, sustentada en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional que persigue controlar política y militarmente esta región latino-caribeña.
Marcos Rubio, titular del Departamento de Estado, es un oficial superior de la CÍA, profesional del anticomunismo fascista y militante sionista, designado por el propio Trump y por ciertas facciones de las elites capitalistas estadounidenses e israelíes, para encabezar la nueva Internacional Neofascista.
Rubio es el jefe inmediato de la Embajadora Campos, evidentemente encargado de fiscalizar el plan político-ideológico desplegado por ella en el escenario de esta isla caribeña, y por eso salió en defensa de su indecente intervencionismo aquí y anunciado la inclusión en su agenda del tema dominico haitiano.
El Departamento de Estado saludó el uso de esos canales e “influencers” locales para “amplificar los mensajes” ultraconservadores y promover la política exterior intervencionista y genocida de EEUU, de forma “cada vez más directa y cercana al pueblo dominicano”.
Esto devela que tales canales, medios e influencers, han pasado a ser instrumentos o sucursales del poder mediático imperialista para esos fines.
Frente a las críticas y los debates en medios digitales sobre el activismo intervencionista de Leath Francis Campos, el Departamento de Estado y la propia embajadora estadounidense, han defendido su injerencia abierta, provocadora y “proactiva”; identificándola como “defensa de la “libertad de expresión”, a pesar de su contenido nazi-fascista.
La embajadora ha generado aquí una fuerte presencia mediática, apoyada por la mayoría de los magnates capitalistas de la comunicación, elogiando abiertamente la «dominicanidad» de corte racista anti-haitiana, los valores ultraconservadores de la familia tradicional y los fundamentalismos cristianos y catalogando al país como “un modelo” en la región por “resistir agendas internacionales de ideologías de género o presiones de grandes potencias contrarias a sus costumbres”
Su agenda, respaldada por la Casa Blanca y el Pentágono, “prioriza contrarrestar la influencia de China en la región” como supuesta “amenaza común” y asume la intervención militar en Haití y Venezuela, y la perspectiva de hacer lo mismo contra Cuba, Nicaragua y México.
Incluye la estructuración de un ejército multinacional en la región bajo el mando de Comando Sur, apoyar los genocidios del Pentágono y la OTAN en Asia Occidental y en el Este europeo, e invadir y agredir países soberanos de nuestra América, esgrimiendo la lucha contra los carteles de las drogas, los cuales son protegidos por la DEA.
Incluye también preparar las estructuras de tecno-fascismo que le permitan manipular con más eficacia los flujos y los fraudes electorales hacia lo más ultra conservador del espectro electorero.
Que sea esa la agenda que procura imponer el decadente poder imperialista estadounidense en este pequeño país y más allá, se explica por sí sola y por los crueles y gansteriles que generalmente resultan las caídas de los imperios en declive.
Pero lo peor de todo es que este régimen, este sistema, sus beneficiarios y socios continentales en esas suciedades, 18 en total, están plenamente identificados con ese infame proceder.
Leath Campos hace todo eso, y se esmera en tratar al país como colonia, porque sabe perfectamente que Abinader es un lacayo y que los interlocutores por ella contactados por órdenes de Marco Rubio, son instrumentos serviles de esa estrategia imperial, condenados al fracaso que impone su imparable decadencia.
Ella lo sabe y sus jefes también.
Pero todo eso será así en RD hasta el nuevo despertar popular frente a esta larga y nefasta contrarrevolución imperialista iniciada el 28 de abril de 1965 para bloquear la revolución democrática que triunfó previamente en la heroica batalla del Puente Duarte.
Esos vientos perversos, que todavía encarnan los Rubio y las Leath, no son eternos, menos aún cuando el huracán imperial que los genera, recibe embestidas contundentes desde el campo de las diversas contrapartidas que actualmente lo enfrentan con renovada firmeza.
¡Otro país, otra América, otro mundo -justos y solidarios- son posibles!