Xi Jinping va a Washington a la cumbre que puede conectar las grandes crisis del mundo

La visita de Xi Jinping a Washington el 24 de septiembre podría ser clave para abordar crisis globales como Ucrania, Irán y Taiwán, destacando la interdependencia.

  • Xi llegará a Washington el 24 de septiembre con una amplia delegación empresarial china.
  • Washington y Beijing preparan anuncios sobre comercio agrícola, tierras raras y rebajas arancelarias.
  • Empresas chinas suspendieron envíos a Estados Unidos y persisten trabas para licencias exportadoras.
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Imagen de apoyo de Víctor Grimaldi Céspedes para la nota sobre la visita de Xi Jinping a Washington, una cumbre marcada por tensiones comerciales, Taiwán, Ucrania, Irán y la competencia estratégica entre Estados Unidos y China.

La visita que el presidente chino Xi Jinping realizará a Washington el próximo 24 de septiembre puede convertirse en uno de los acontecimientos geopolíticos más importantes de 2026.

No será simplemente una nueva reunión entre Xi y Donald Trump. Tampoco estará limitada a aranceles, agricultura o balanzas comerciales. 

La cumbre ocurrirá cuando Estados Unidos se encuentra simultáneamente comprometido en la guerra con Irán, la búsqueda de una salida al conflicto de Ucrania y la creciente competencia estratégica con China en torno a Taiwán y el Pacífico.

Xi llegará, además, acompañado por una amplia delegación de empresarios chinos, algo poco habitual y claramente destinado a subrayar la dimensión económica del encuentro. 

Según Reuters, Washington y Beijing preparan posibles anuncios sobre comercio agrícola, barreras no arancelarias, licencias para exportaciones chinas de tierras raras y determinadas reducciones recíprocas de aranceles. 

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Nadie espera por ahora un gran tratado comercial: se intenta administrar una rivalidad que ninguno de los dos países puede eliminar.

Precisamente ahí reside la importancia de la reunión.

Estados Unidos y China son competidores estratégicos, pero continúan profundamente vinculados. 

China necesita el mercado estadounidense, tecnología, capital y estabilidad comercial. Estados Unidos continúa dependiendo de numerosas cadenas industriales chinas y, particularmente, de minerales críticos que Beijing puede convertir en instrumentos de presión.

Las tierras raras constituyen el ejemplo perfecto. Algunas empresas chinas han suspendido recientemente determinados envíos hacia Estados Unidos, mientras continúan las dificultades para obtener licencias de exportación de materiales indispensables para la aviación, la defensa, los semiconductores y otras industrias avanzadas.

China posee así una especie de Ormuz mineral.

Irán puede amenazar un estrecho por donde circula petróleo. China puede presionar sobre cuellos de botella industriales sin disparar un misil.

Trump posee también sus propias cartas: aranceles, restricciones tecnológicas, acceso al mercado estadounidense y la capacidad financiera del dólar.

Por eso la reunión será fundamentalmente una negociación entre vulnerabilidades.

Pero sobre la mesa estará también Irán.

La guerra está golpeando con creciente dureza la economía iraní, mientras Washington intensifica sanciones y presión sobre sus exportaciones petroleras. Al mismo tiempo, China continúa siendo decisiva para la capacidad de Teherán de colocar parte de su petróleo en Asia.

Trump necesita evitar que Beijing se convierta en una gran válvula de escape para Irán. Xi puede utilizar precisamente esa capacidad como instrumento negociador.

En otras palabras: aunque Irán no participe en la cumbre, estará presente.

También estará Ucrania.

Washington busca vías de negociación con Moscú y Kyiv, mientras China mantiene una relación estratégica fundamental con Rusia. Si Trump quiere avanzar hacia algún arreglo, la posición de Beijing importa. Xi dispone de una capacidad de interlocución con Vladimir Putin que pocas otras potencias poseen.

Y detrás de todo estará Taiwán.

Éste será el asunto más difícil porque no puede resolverse simplemente mediante compras agrícolas o rebajas arancelarias. Beijing considera la reunificación una cuestión esencial de soberanía nacional. Washington fortalece simultáneamente la capacidad defensiva taiwanesa y sus vínculos tecnológicos con la isla.

Cualquier cambio de lenguaje después de la reunión deberá ser leído cuidadosamente. En diplomacia, a veces una frase omitida resulta tan importante como una declaración pronunciada.

Existe además un factor político estadounidense que China conoce perfectamente.

Las elecciones legislativas serán el 3 de noviembre.

Trump necesita mostrar resultados.

Un aumento de compras agrícolas chinas, nuevas inversiones, acuerdos empresariales o relajación de determinadas restricciones podría presentarse como una victoria económica pocas semanas antes de las urnas. Beijing comprende perfectamente ese calendario.

Xi puede llegar entonces con algo que ofrecer sin renunciar a sus posiciones fundamentales.

La visita del 24 de septiembre debe interpretarse dentro de una transformación mayor.

Durante años Estados Unidos y China parecían avanzar hacia una separación progresiva. Ahora ambos parecen reconocer que una ruptura completa resultaría extraordinariamente costosa.

La competencia continuará en semiconductores, inteligencia artificial, el Pacífico, Taiwán, minerales críticos y comercio.

Pero competir no significa necesariamente dejar de negociar.

Ahí puede encontrarse la verdadera importancia de Washington.

Xi no viajará solamente para encontrarse con Trump.

Llegará en momentos en que varias de las grandes crisis mundiales comienzan a conectarse: Ucrania, Irán, Ormuz, Taiwán, las cadenas industriales y la economía mundial.

Y quizá la pregunta fundamental de esa reunión sea ésta:

¿Pueden Estados Unidos y China administrar su rivalidad sin permitir que termine convirtiéndose en otra guerra de desgaste?

Si consiguen hacerlo, la cumbre del 24 de septiembre habrá logrado mucho más que cualquier acuerdo sobre soja, aranceles o tierras raras.

Habrá demostrado que las dos grandes potencias todavía consideran más rentable negociar sus diferencias que poner a prueba, directamente, cuál de las dos puede resistirlas durante más tiempo.

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