¿Cuántos vínculos o amistades de décadas daña la pasión política? Urge que aprendamos a debatir confrontando ideas en vez de profiriendo ofensas o denuestos o consideraciones ajenas a lo discutido. ¡Cuántos insultos hediondos!

El lunes 7 de octubre estaremos aun todos aquí y quizás ocurra como cuando los borrachos se encuentran al día siguiente con tremenda jaqueca y resaca, que no saben dónde meter la cara por la vergüenza de sus excesos y disparates durante su ebriedad. La vida sigue.

Las primarias que provocan truños y malhumores habrán pasado y en medio de la gritería de quienes pierdan, a los ganadores les tocará tratar de curar las heridas de una lucha excesivamente feroz, innecesariamente violenta, como si fuese algo realmente trascendente y no solo política.

El sábado en una boda coincidí con una familia cuyos varones son consumados políticos; solo faltó el más pugnaz. Uno que quiero fraternalmente me abrazó como siempre y quedamos en vernos pronto; el padre saludó afectuosamente y el otro apenas gruñó con una mueca de disgusto.

¿Cuántos vínculos o amistades de décadas daña la pasión política? Urge que aprendamos a debatir confrontando ideas en vez de profiriendo ofensas o denuestos o consideraciones ajenas a lo discutido. ¡Cuántos insultos hediondos!