No intento ofrecer aquí explicaciones sociológicas ni sicológicas de los siguientes sucesos. No busco culpar a nadie ni nada, aunque hay culpables en cada caso. Tampoco me uno a la corriente de que el mundo es hoy peor que antes, o a quienes ven a satanás rondar más los patios. Todas las épocas tienen virtudes, horrores y errores, unas más que otras, y esta no es de las peores.

Quizás es casualidad, o los periódicos resaltan lo negativo, o tal vez estoy equivocada y la sociedad actual es realmente peor. Pero desde hace varios días leo estupefacta algunos reportes de prensa sobre violencia familiar y sexual.

Un hombre acusado de asesinar a su esposa en complicidad con la hija de ambos. La victima de 64 años era maestra, el marido tenía 63 y la hija 26. El crimen se produjo en Loma de Cabrera cuando la madre recriminó al esposo tener relaciones sexuales con la hija desde los 18 años.

Condenaron un diputado a un año de prisión preventiva por violar una menor. El diputado no cumplió la promesa de pagar 300 mil pesos por la violación y la familia, en consecuencia, lo sometió.

Una menor de 14 años mató a su abuela de 93 años a puñaladas en Santiago, se presume para robarle; y varias semanas antes en Baní, un joven violó su abuela de 100 años.

No ofrezco explicaciones porque no las tengo convincentes. Podría inventarlas, pero los hechos me parecen demasiado espeluznantes para asignar razones a la ligera.

No soy juez ni parte, no sé si los presuntos culpables son realmente culpables; pero sí tengo muchas interrogantes para compartir.

¿Cómo será la vida cotidiana del padre que establece relación sexual con su hija regular o esporádica? ¿Cómo justificará la acción en su interior? ¿Qué futuro construye en su imaginación una mujer que marca su adolescencia y juventud con la sexualidad del padre? ¿Cómo pasaron tantos años sin que nadie descubriera lo que sucedía, o sin que lo revelaran o se rebelaran? ¿Tiene la sociedad dominicana idea de cuán generalizada es esta práctica? ¿Por qué no hay programas de educación para motivar la denuncia y prevenir estas situaciones?

¿Es retribución adecuada a la violación de una menor el pago de 300 mil pesos? ¿Por qué aceptó la familia esa cantidad cuando el delito ameritaba probablemente una pena mayor? ¿Es un año de prisión preventiva suficiente castigo? ¿Debe ser legislador un violador de menores? ¿Cuántos casos de violación sexual de menores se producen al año en República Dominicana? Es difícil averiguarlo porque muchos casos no se reportan, pero ¿no valdría la pena hacer esfuerzos para tener más información sobre esta tragedia humana?

¿Cómo y por qué pierden los jóvenes el sentido de respeto y lealtad a los mayores? ¿Estarán endrogados cuando cometen hechos aberrantes? ¿Qué porcentaje de los jóvenes dominicanos comete actos criminales bajo efectos de las drogas o motivados por algún otro vicio?

¿Puede la sociedad dominicana seguir siendo espectadora ante el aumento del narcotráfico y el micro-tráfico, la acumulación de riqueza sucia, la proliferación de la delincuencia, y la impunidad que sustenta y rodea la criminalidad?

¿Puede la sociedad dominicana seguir de espaldas a las violaciones sexuales de menores que se excusan en actitudes machistas o por la pobreza que comercializa el cuerpo? ¿Y qué decir de los feminicidios? 230 en el 2011, y el 2012 va también por mal camino.

Satanás no ronda hoy más que antes. Examinemos las instituciones sociales (gobierno, familia, escuelas, iglesias, empresas, medios de comunicación) para comenzar a entender e intentar prevenir estas aberraciones