Ha quedado muy claro, que   Abinader piensa en la salud y bienestar del pueblo, sin discriminación.

Sentada en la mecedora que perteneció a mi abuelo y viendo la lluvia caer, me puse a reflexionar sobre el primer año de gestión del presidente de la República, Luis Abinader. Si lo ponderamos, con objetividad, debemos reconocer que ha sido fructífero, positivo. Ha enfrentado, con firmeza y coraje, grandes retos y situaciones difíciles e inesperadas; ha librado, sin descanso, muchas batallas y ha podido salir adelante, llevando luces y esperanza al pueblo.

Inicio su gobierno, con el país recién invadido por la pandemia del Coronavirus; con todos los sectores afectados: económico, social, educativo, turismo, agropecuario, etc. y la población en pánico. Sin embargo, ha podido calmar los ánimos y controlar la pandemia y sus consecuencias, buscando la medicina necesaria en cualquier escenario, China, EU, etc.; centrado en cuidar la salud de la población, no delegó la búsqueda de la vacuna; para asegurarse de que llegara a tiempo y sin rodeo, controló desde el mismo centro del poder la adquisición de esta.

Ha quedado muy claro, que  Abinader piensa en la salud y bienestar del pueblo, sin discriminación. Durante la pandemia, se ha manejado con criterios normativos, no personales ni grupales. Es significativo, que invita a concertar la solución de problemas, sentando en la mesa del dialogo a diferentes actores de la sociedad sin importar la bandería política.

En su primer año, se concentró en controlar y erradicar la pandemia, en evitar que afectara el sistema educativo, económico, social, etc.., que no colapsaran. Con sus alzas y bajas, logró mantenerlos activos; lo fue estabilizando con mecanismos tecnológicos, virtuales, educando al pueblo. El costo ha sido elevado, pero sobrevivimos. Si bien no podemos etiquetar como exitoso el año escolar, debemos valorar el esfuerzo por hacer llegar el pan de la enseñanza, a las metas programadas.

Podemos decir que su primer año de mandato fue, básicamente, para atender emergencias, imprevistos, para serenar la población, pero sin descuidar proyectos esenciales; se afectó la economía, turismo, agropecuaria, las fuentes de trabajo, etc. pero las directrices dadas para ayudar estos sectores , surtieron efectos y despertaron confianza y credibilidad en el gobierno.  El presidente Abinader, trabajó sin tregua la crisis sanitaria; sin vacilar, quitaba barreras encontradas o recién colocadas, exhortando a respetar las leyes; se desenvuelve con naturalidad, sin que se vislumbre contradicción entre sus teorías y acciones.

Debemos reconocer que la vicepresidente, Raquel Peña, ha tenido un desempeño eficiente, firme en la toma de decisiones, aunque discreto, al igual que otros funcionarios.

Indiscutiblemente, el primer año de gestión del presidente Abinader, fue de muchas tormentas: coronavirus, sistemas educativos y económicos afectados, fiebre porcina, endeudamiento, inseguridad, etc; que, al ser manejados juiciosamente, despejaban el ambiente o desaparecían, permitiendo visualizar un futuro mejor.

De las situaciones vividas en este año, hay muchas lecciones que aprender, dentro de ellas: vacunar el cuerpo, pero también el alma; la justicia social es importante; la libertad es de increíble valor; la paz espiritual es el tesoro más hermoso, etc. Una lección ejemplar, que cala, se desprende de la armonía y ternura   que proyecta la familia de Luis Abinader  y sobre todo,  su complicidad con su esposa, Raquel Arbaje.

Si en medio de la tempestad, el presidente Abinader se ha manejado bien, es de esperarse que, en la normalidad, en medio de la calma, lo haga mejor. ¡A