Se discute actualmente la impertinencia de que los partidos políticos estén en permanente campaña aún fuera del período legalmente definido para el proselitismo. La FINJUS reiteró su sugestión de nuevas normas, más claras y funcionales, para regular las agrupaciones políticas y el sistema electoral. La propia JCE también llamó a los políticos a aguardar el plazo legal para dedicarse a campañas electorales.

Están prohibidas inequívocamente las manifestaciones proselitistas extemporáneas, aunque son legales protestas cívicas como las marchas verdes. Faltan 32 meses (no 38, como dije antes), para las elecciones y el panorama sugiere su inminencia.

Más preocupante, a mi juicio, es que los órganos de la democracia, los partidos, no operen internamente con reglas y costumbres ni remotamente democráticas. Al PLD lo manda una gerontocracia ilegítima, el PRM no decide entre pasado y futuro, el PRD es una agencia de empleos públicos, el PRSC carece de liderazgo… Los chiquitos, “picando” lacrimosamente. Entre todos hay poquísimas ideas o propuestas. Sin embargo, ¡qué buen negocio son! Hemos olvidado la política como servicio público.