Desde algunos recodos específicos de mi casa, mis interlocutores no pueden escucharme por el teléfono móvil.  Al pasar por ciertas zonas de la ciudad, la conexión se cae.

A veces digito un número y se produce un limbo. La llamada no engancha. Lo intento de nuevo y ocurre lo mismo. Con mucha frecuencia veo en pantalla el mensaje “la llamada falló” y ocurre con teléfonos a los que habitualmente contacto.

No hay forma de que al entrar a un ascensor no se produzca una interrupción del servicio.  Los apagones de internet son ya parte de nuestra cotidianidad. Superan por mucho a mi proveedora de electricidad Edesur.

Son reiterados estos mensajes: “El número que usted ha marcado no está disponible para contestar”.  “Después del tono, su llamada será facturada”. Me ocurre con personas ubicadas en plena área de cobertura, con sus dispositivos encendidos, con señal suficiente y sin que estén siendo usados.

-Te he hecho como diez llamadas

-No. Mira. No tengo tu número registrado como que llamaste.

En distintas ocasiones he vivido esta escena. Terceros allegados, también. Ahora la novedad es que en algunos sitios de la urbe escucho con voz entrecortada a la gente que me telefonea . Suspendo la llamada, marco de nuevo y la voz se aclara.

Retrocedo unos años atrás y recuerdo que la telefonía móvil no era así. Uno no sufría estas angustias. Evidentemente, tenemos una degradación muy seria. Falta de continuidad y de calidad. No tengo elementos técnicos para definirla, pero empíricamente es comprobable. Antes era mejor.

Converso diariamente con amigos y colegas sobre temas profesionales. Cuando el diálogo se extiende, la llamada se corta. Es como si la telefónica tuviera que ofrecer el servicio por bloques.

¿ Y qué decir cuando uno habla por el móvil y escucha el eco de su propia voz? En las emisoras de radio interactivas vivimos a diario las interrupciones de las señales telefónicas. Está a ojos vista, pero nadie protesta ni es tema de Proconsumidor y menos de Indotel, que está en “Belén con los Pastores.” !Y tanto que nos cuesta!