SANTO DOMINGO, República Dominicana.- En el vertiginoso contexto de comunicación multidireccional que es la sociedad red, cualquier postura o afirmación es provisional. El tiempo de contrastación es muy breve. La asertividad es mucho más necesaria como estrategia y actitud en las relaciones de interlocución que sostenemos en un orden de dimensiones globales.

Es aconsejable una disposición dialogante y colaborativa. La época del predominio absoluto de los medios masivos de comunicación unidireccionales ya no existe. Hasta los grandes medios transnacionales pueden ser evidenciados, contestados desde una simple conexión a la red mundial. El efecto viral se encarga de sobrepasar cualquier estrategia de control mediático.

El actor público --que en la actualidad cualquiera lo puede ser-- entonces debería tomar en cuenta el efecto de sus declaraciones y contraposiciones públicas, porque lo que se dice, hace o se sabe acerca de lo que uno dice y hace, trasciende a escalas que no podemos suponer fácilmente por anticipado.

Colocar una idea o reclamo en la escala global o convertirla en tema o tendencia dentro de una colectividad afecta también el ámbito de la reputación, que implica una imagen o visión acerca de alguien, que va quedando enmarcada por lo que trasciende acerca de lo que se hace o se piensa. Y eso ya no está determinado por lo que nos propongamos decir o hacer, sino por lo que es percibido desde nuestro actuar cotidiano y nuestras interacciones comunes y corrientes, que se producen en red.

Debemos hacer conciencia de ello y ajustar nuestra asertividad a una ética de la prudencia, por lo menos en lo que toca a cómo podemos afectar al colectivo y a los particulares. Sin duda, el ser público exige ahora más responsabilidad que nunca antes.