Todos los periódicos han caído en la insostenibilidad económica, lo mismo que los programas periodísticos de radio y televisión, y los despidos y suspensiones de empleados ya alcanzan tasas cercanas a la tercera parte. A la crisis del Covid-19 se ha unido el cambio de gobierno que ha implicado una drástica disminución de la publicidad gubernamental.

            Una de las industrias más

severamente afectadas por la crisis económica y social derivada de la pandemia

del coronavirus que ha desatado la mayor crisis sanitaria de la época moderna

es, después del turismo, la de los medios de comunicación social, especialmente

de los periódicos que ya venían tambaleándose en todo el mundo por la irrupción

de nuevas tecnologías de la comunicación.


            La preocupación se extiende por toda

Europa y América porque la pandemia está erosionando el sustento de los medios

de comunicación, lo que tendrá repercusión sobre la libertad y la calidad de la

información, dejando sin base el ejercicio profesional del periodismo, cuyo

valor no podrá ser sustituido por la inmediatez y la accesibilidad a las redes,

caracterizadas excesivamente por la superficialidad y muy expuestas a la

falsedad y la manipulación.


            Una “Nota Temática” de la

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura

(UNESCO) acaba de advertir que la peor crisis económica del siglo pone en

riesgo también la salud de los  medios de

comunicación y los empuja a la extinción. Recoge informes internacionales de

que la recesión económica, ha reducido hasta en 70 por ciento su principal

sustento, que es la publicidad.


            La reconocida organización

“Reporteros sin Fronteras” ha llamado a la Unión Europea a defender la

seguridad de los periodistas, a combatir la erosión del estado de derechos y a

apoyar a los medios de comunicación gravemente afectados por la pandemia. El

Foro Mundial sobre el Desarrollo de Medios sostiene que la crisis impacta sobre

el acceso a la información y la libertad de prensa.


         La crisis de los medios es mayúscula en el

país, y está amenazando seriamente la supervivencia de los periódicos y del

periodismo radiofónico y televisivo, que por los recursos humanos que requieren,

constituyen una alta proporción de sus costos operativos, aunque predomina un

espeso silencio sobre el particular.


            Todos los periódicos han caído en la

insostenibilidad económica, lo mismo que los programas periodísticos de radio y

televisión, y los despidos y suspensiones de empleados ya alcanzan tasas

cercanas a la tercera parte. A la crisis del Covid-19 se ha unido el cambio de

gobierno que ha implicado una drástica disminución de la publicidad

gubernamental.


            En medio de la crisis, el gobierno

se ha propuesto reducir todos los gastos  desproporcionados, entre ellos la propaganda

política gubernamental que alcanzó niveles casi únicos en el mundo democrático.

Pero al coincidir con la drástica caída de las actividades económicas y la

publicidad comercial y empresarial, se convierte en un detonante contra la

estabilidad de los medios.


            Nadie puede ignorar el aporte del

periodismo profesional a la institucionalidad democrática, a la transparencia y

a la lucha contra la depredación  del

patrimonio público. Por eso hace tiempo que en naciones como Francia e Italia

se está subvencionando la supervivencia de los medios, especialmente de los

periódicos, de forma transparente, igualitaria, sin privilegios ni gado a grado

para que el salvataje estatal no se convierta en una nueva alienación de la

libertad de informar y opinar.


El

presidente Luis Abinader, que muestra vocación de diálogo y búsqueda de

consenso, debería reunirse con directores y administradores de medios para

determinar qué  salvataje se puede implementar

en lo inmediato. Por ejemplo, que el gasto público propagandístico y de bocinas

políticas se destine a campañas masivas de educación, para la circulación vial,

la disposición de los residuos, la defensa de la integridad de la mujer y la

niñez, del medio ambiente, para la prevención de enfermedades, del embarazo de

adolescentes, entre otros. Seguro que los medios contribuirían con tarifas

especiales.


Se

deben contemplar incentivos fiscales temporales, que impliquen las

importaciones de papel y otros insumos, suspensión de los pagos impositivos adelantados

sobre renta o de propiedad inmobiliaria, y el pago de decenas de millones de

pesos de facturas atrasadas. Nada gana el gobierno con el cierre de medios de

comunicación y pierde la libertad de información, sobre todo el ejercicio del

periodismo profesional, lo que no debe ocurrir en un proyecto político

gubernamental de fortalecimiento de la institucionalidad democrática.-