Ese desarrollo permitió en 1978 la apertura democrática del cambio. Debemos agradecer que Balaguer venció a los izquierdistas violentos en todos los campos en que lo desafiaron.

A propósito de cumplirse hoy 115 años del nacimiento de Joaquín Balaguer, fallecido en el 2002 tras ser el más influyente político de la segunda mitad del siglo XX, quizás convenga un análisis frío de la violencia durante sus doce años de 1966 a 1978.

Tras la guerra de 1965, ambos bandos podían acogerse a la democracia y paz ansiadas por el pueblo o continuar politiqueando con mas tiros y sangre. Muchachos valiosos abrazaron la funesta ideología que ha destruido a Cuba, Nicaragua y Venezuela. Se les sumaron “tígueres” del lumpen proletariado para librar una proyección de la guerra fría entre comunistas y gringos. Asesinaron policías, guardias e inocentes, asaltaron bancos, secuestraron diplomáticos, organizaron fallidas guerrillas, se mataron entre ellos, infiltraron partidos; en fin, no eran monaguillos y pagaron consecuencias.

Empero, distinto a Centroamérica, logramos crecer y progresar sin más guerra civil ni guerrillas. Ese desarrollo permitió en 1978 la apertura democrática del cambio. Debemos agradecer que Balaguer venció a los izquierdistas violentos en todos los campos en que lo desafiaron.