El imperio de la ley con debido proceso es anhelado por casi todo el empresariado, para fortalecer la democracia, no destruirla.

“Cherchez la femme”, literalmente “busquen la mujer”, decía Poirot como si en cualquier investigación policial o judicial bastara encontrar la fémina detrás del crimen. La intolerante progresía que exige “corrección política” diría del figurado dicho, con petulante indignación, que rezuma misoginia.

Comoquiera, es un axioma –aunque a veces no resulta evidente por sí mismo— que casi siempre cualquier ilícito voluntario o plan macabro beneficia al perpetrador o instigador. Lo recordé porque nuestra díscola neo-izquierda, fracasada y resentida pero envalentonada, arguye que al empresariado y los ricos de alcurnia les interesa desprestigiar al Ministerio Público o hacer fracasar los procesos judiciales contra la corrupción. ¡Qué enorme disparate!

Sólo políticos sin votos quieren descomponer el orden público para asaltar el poder y por eso procuran aviesamente frustrar las ansias de justicia del pueblo. Sería catastrófico política y socialmente apañar más impunidad. Quienes más tienen qué perder no abogan ni apuestan por ese despropósito. El imperio de la ley con debido proceso es anhelado por casi todo el empresariado, para fortalecer la democracia, no destruirla.