Un deslenguado político de Santiago, en su propio programa de televisión, difamó a la vicepresidente Margarita Cedeño de Fernández acusándola de poseer 423 millones de euros en un banco danés. 

Un deslenguado político de Santiago, en su propio programa de televisión, difamó a la vicepresidente Margarita Cedeño de Fernández acusándola de poseer 423 millones de euros en un banco danés. Hace unos días, tras años de lleva y trae judicial, la Suprema Corte condenó al exdiputado Marcos Martínez como culpable por falsificar documentos y difamar a doña Margarita.  La sentencia de dos años de reclusión fue suspendida, condicionado al pago de una indemnización de RD$1 millón, suma irrisoria.

Curiosamente, coincidió con tremendo escándalo en el Danske Bank por dizque lavar más de 200,000 millones de euros mediante transacciones a través de su filial en Estonia entre 2007 y 2015.

El condenado Martínez me recuerda los perros hueveros, fuñón hasta con el hocico quemado, pues pese a que su sentencia la firma la juez Miriam Germán Brito, le espetó que esa decisión fue “en violación al debido proceso, mediante el blindaje de su corte”. A mí me alegra la condena, especialmente ante los intentos en curso para despenalizar los delitos de prensa.