Hace años que la reorganización del sector financiero nacional, con medidas prudenciales internacionalmente recomendadas y el saneamiento tras las quiebras del 2003, ha traído como consecuencia una banca más fuerte, transparente, ágil y útil para el progreso y el desarrollo.

Tras liberalizar las restricciones que afectaban a las asociaciones de ahorros y préstamos, que eventualmente deberán transitar del esquema mutualista a un régimen corporativo más afín al carácter de sus negocios, ha quedado pendiente regular las actividades financieras que realizan entidades cooperativas, fuera del marco de la supervisión oficial. Hay cooperativas con bancos que operan bajo otra denominación, pero que reciben depósitos, dan préstamos, operan facilidades financieras y están fuera de la ley o supervisión bancaria.

Meter en cintura esas entidades no busca “matar al sector cooperativo”, como alarmistamente denuncia el Consejo Nacional de Cooperativas, sino continuar blindado la economía ante los embates de criminales interesados en las oportunidades de lavado, evasión impositiva y transacciones irregulares sin supervisión. Ello fortalecerá en vez de “matar” a las cooperativas, pese a sí mismas.