El narcotráfico, los dolos administrativos y la evasión impositiva no son exclusiva culpa de la presente administración, que ha iniciado más procesos judiciales que nunca previamente.

La corrupción pública y privada en los negocios es terrible. Sea en el gobierno u oposición, políticos o empresarios; en casi todas partes, con honrosas y notables excepciones, se cuecen habas. Al dominicano le encanta la hipérbole y muchos sienten un gozo malvado al afirmar que somos los más corruptos del mundo. Sin embargo, no es verdad.

Pese a Odebrecht (casi todos cuyos contratos fueron antes del 2012), no estamos en la lista de países con investigaciones activas por corrupción por fiscales estadounidenses. Casos judiciales de la Securities and Exchange Commission sí afectan a Argentina, Brasil, Colombia, Guatemala, Israel, México, Perú, España, Venezuela y otros 29 países. Los dominicanos incluidos en la infame lista Magnitsky, que Estados Unidos usa para sancionar corruptos, son Félix Bautista y otros ajenos al actual gobierno.

El narcotráfico, los dolos administrativos y la evasión impositiva no son exclusiva culpa de la presente administración, que ha iniciado más procesos judiciales que nunca previamente. Entonces, ¿cómo pueden los de antes asumirse como impolutos embarrando a las autoridades? ¡Foutre!