Oigo con frecuencia quejas por alegadas “censuras” o presiones gubernamentales cuando en algún medio directores o dueños ejercen su derecho de contratar o despedir o rotar periodistas o productores. ¡Qué disparatazo! ¿Realmente alguien cree que los dueños aceptan esas presiones? Si el Gobierno pudiera o quisiera jugar ese juego, ¿gastaría esfuerzos cancelando una muchacha cuyo momento de fama es después que ella misma admitió que renunció y que no la botaron?

Este gobierno dizque intolerante coge cajeta diariamente de muchísimos periodistas excelentes, buenos, mediocres y malos. Y nada pasa… Fadul, hermano del ministro de Interior, encabeza la lista de deslenguados. Cada día se obran en el Gobierno. Insultan, difaman, injurian y extorsionan sin consecuencias oficiales ni sociales.

En todo caso, el pecado del Gobierno es hacer poco caso a la prensa, no perseguirla, censurarla ni reprimirla. Vivimos una laxitud ética y moral tan bárbara, que líderes de audiencia radial piden “mándenme lo mío cash” y ¡no es relajando! Directores operan agencias de relaciones públicas. Aparte de libertad, hay libertinaje e impunidad.