Cualquiera no cree Coronel Caamaño, que su gesta fue en este país reducido hoy a la estricta dimensión de una algarabía electorera; que fue aquí donde usted cambió sus charreteras por una simple estrella inapagable, y donde los traficantes de todo lo traficable, multiplicados a millares, exhiben su opulencia intocable en plena calle; que fue aquí, en febrero, donde usted entregó su sangre, que sigue viva por encima de políticos farsantes, desertores, burócratas venales, y demagogos capaces de hacer olvidar a todo un pueblo que ha tenido un pasado grande.