Golda Meir decía entender que muchos árabes desean la aniquilación de Israel pero que resultaba incomprensible que algunos confiaran en la cooperación israelí. Los dominicanos carecemos de enemigos que quieran nuestra extinción nacional. Pero sí enfrentamos una grave amenaza a nuestro bienestar por causa de la constante involución de Haití y la emigración masiva de sus pobres gentes, la mayoría indocumentados.

Sólo podremos culparnos a nosotros mismos si por desidia, corrupción, incapacidad o cualquier motivo, no aplicamos a nuestro problema haitiano la misma inteligencia y voluntad colectiva que ha permitido que en medio siglo pasemos de un PIB menor a US$950 millones en 1967 a casi US$74,000 millones en 2016. En ese mismo lapso, el PIB per cápita de Haití bajó de US$2,300 en 1966 a US$829 en 2012. En 2016, el PIB de Haití era apenas menos del 12% del PIB dominicano.

Estas cifras del FMI y el Banco Mundial indican que la enorme asimetría económica basta ella solita para motivar la migración hacia acá, no alguna disparatada conspiración internacional