Perdidos en el espacio están quienes todavía no han captado que este régimen político es un tipo de dictadura unipartidista, corrompida y corruptora.

Perdidos también estuvieron quienes creyeron que Danilo Medina era algo distinto a las esencias de la partidocracia morada y del sector de la clase dominante-gobernante que parió este engendro.

La luna de miel de este gobierno comienza a convertirse en luna de hiel. Y no es para menos, puestos que los paquetazos y tarifazos, la impunidad y el Estado delincuente, la inacción ante los ecocidios, la violencia de género, las narco-complicidades militares y -más recientemente- el nazi-racismo criollo, están desgarrando el alma del pueblo al compás de nuevos intentos mordaza.

Que Leonel, con solo el 12% de las preferencias, estime políticamente rentable espolear el monstruo racista anti-haitiano en procura de repunte, tiene su lógica perversa. Lo que aparentemente no tiene lógica es que lo haga quien va a pagar los costos de la impunidad ajena y de esos desafueros despóticos.

Y digo aparentemente, porque ese proceder confirma que el actual Presidente está esencialmente imposibilitado de separar sus conveniencias políticas personales, de su condición de representante de este sistema y esta partidocracia articulada a las peores facciones de la clase dominante local e internacional.

Danilo es orgánico a esa realidad, por encima de sus efímeros gestos mercadológico y de los funcionarios “bonsáis” (adornos) que ha exhibido su gestión;  ahora gravemente amenazados por un fenómeno esencial que transforma la miel en hiel, en el marco de un gobierno plagado del producto político de una dictadura confeccionada a lo largo de 17 años, con la escoria balaguerista a cuesta.

Los “bonsáis” son personas de prestigio por su capacidad, honestidad, herencia o trayectoria política (dulce y respetable), que optaron por adornar la dictadura corrompida abrazados/as a la fantasía de “hacer lo que nunca se ha hecho”, sin medir la consecuencia de no salir a tiempo de la tina de hiel.

Las primeras víctimas de ese proceso ha sido alguno de los más prestigiosos colaboradores de la presidencia, lanzado a la quemazón por el propio Danilo; que al optar por darle cancha al nazi-racismo, lo empujó a encabezar la ridícula y vergonzosa campaña internacional y local en defensa de lo indefendible, junto a los Ray, Rosario y Pina.

Algo parecido podría pasarles a personas con características similares, que en verdad no tendrían ni necesidad ni obligación de asumir esta nueva farsa condenada a sucumbir.