La experiencia de los últimos 16 meses transcurridos es reveladora. Los millones de dólares traídos de los EE.UU., solamente ha cumplido un propósito: mantener la fragilidad política del Triunvirato”.

     El 25 de marzo de 1965, en el otoño del Triunvirato y a menos de un mes de que estallara la Revolución de Abril, mi papá publicó un artículo que tituló “Nuestro antinorteamericanismo”, varios de cuyos párrafos me permitiré transcribir aquí para que el lector advierta cuáles eran las preocupaciones de la época y qué tanto o qué tan poco han cambiado las cosas en los 56 años discurridos desde entonces.


     Veamos: “… el injerencismo norteamericano no es ocasional, sino habitual. EE.UU. no ha necesitado del pretexto de una guerra o de otro acontecimiento parecido para colarse en los embrollos de nuestras querellas locales. Su privilegiada posición económica y política parece otorgarles la facultad de presidir, sin interrupción, el Consejo de Familia de este subdesarrollado continente latinoamericano”.


     “Pero lo triste del caso no es solamente que lo presidan, sino que también lo presidan mal. Y lo presiden mal porque en vez de orientar sus actuaciones en favor de quienes más necesitan de ellas, las encauzan hacia los grupos menos representativos y menos aptos de cada comunidad. El caso de República Dominicana es evidente y patético… Su intervención en nuestros problemas es puramente negativa, porque cuando no tiende a afianzar caudillos absolutistas, como Trujillo, se encamina a sostener y ayudar cerrados grupos clasistas y privilegiados”.


     “Tomemos, como caso de análisis, el de mayor actualidad. El cercenado Triunvirato goza, ostensiblemente, del favor político norteamericano. Pero, ¿a quién beneficia ese favor? No se requiere de mucha lucidez mental para comprender que ese favor, a más de no llegar al pueblo, lo perjudica en grado sumo. Desde el punto de vista económico, la ayuda norteamericana resulta beneficiosa para el gobierno y perjudicial para el pueblo. La experiencia de los últimos 16 meses transcurridos es reveladora. Los millones de dólares traídos de los EE.UU., solamente ha cumplido un propósito: mantener la fragilidad política del Triunvirato”.


     “Pero el pueblo, en cuyo nombre se han concertado esos empréstitos, debe y tendrá que pagar esos millones. Sin embargo, ¿qué se hace con ellos? Pues mantener una maquinaria militar y policial desproporcionada, sostener un hipertrofiado equipo diplomático, pagar fabulosas sumas por relaciones públicas de carácter personal, costear proyectos que no se comienzan y abonar terrenos políticos estériles. Los millones se esfuman, se volatizan, y luego ¡ahí están los EE.UU. para nuevos empréstitos con el mismo gobierno y con los mismos personajes sin visión de futuro, intelectualmente incoloros y políticamente negativos”.


     “… una ayuda destinada a cargar de deudas, sin provecho inmediato o futuro, a varias generaciones de dominicanos, comprometidas por la ambición autocrática de sus actuales dirigentes… Desafortunadamente, estos resonantes extravíos de la política internacional norteamericana tienen su origen en la falsa imagen que sus propias misiones en el exterior envían al famoso cuarto piso del Departamento de Estado… Es hora de que los norteamericanos dejen de vernos como un pueblo de negros, condenando a ser dirigido por una élite blanca y rica. República Dominicana es otra cosa. Es una comunidad política en la que el color de la piel no cuenta, y en la que los ricos solo cuentan para sí mismos, ajenos a nuestro mejor destino histórico”.


     Como nota al pie, cabría recordar que el 28 de abril de 1965, esto es, un mes y tres días después de aparecer publicado el artículo parcialmente transcrito, decenas de miles de marines de EE.UU. invadieron nuestro país con el propósito de impedir que Juan Bosch, considerado como una amenaza de réplica de lo ocurrido en Cuba el primero de enero de 1959, reasumiera el mando del que dos años antes había sido derrocado.