Evaluando algunas etapas de este año de gobierno, nos sorprende la destreza con que el gobierno ha manejado su imagen y como ha calmado varios conatos de críticas, manifestaciones e incluso de declaraciones públicas opositoras.

Bien conocido es el dicho «Al pueblo, pan y circo», que muy probablemente todos hemos escuchado alguna vez y que, de hecho, se generó entre los gobernantes de la antigua Roma —«panem et circenses»—, precisamente porque acostumbraban a ofrecerlo al pueblo a cambio de obediencia, de confianza y —sobre todo— de mantenerse alejados de los asuntos que preferían conservar dentro del círculo del gobierno.

El actual gobierno del Partido Revolucionario Moderno y del presidente Luis Abinader Corona, acaba de cumplir su primer año de ejercicio en medio de una crisis sanitaria mundial, provocada por el Covid-19 que ha resultado ser una pandemia con su consecuente crisis económica. En medio de este escenario, sus ejecutorias han tenido aciertos, pero; también desaciertos que han dejado que desear.

Evaluando algunas etapas de este año de gobierno, nos sorprende la destreza con que el gobierno ha manejado su imagen y como ha calmado varios conatos de críticas, manifestaciones e incluso de declaraciones públicas opositoras. Por ejemplo, cumplidos los primeros 100 días de gobierno, período que tradicionalmente se les otorga a las nuevas autoridades para que comiencen a mostrar resultados y ante algunas críticas de los medios, los ciudadanos y la oposición el gobierno manifiesta: “Sólo son los primeros 100 días, les aseguro que lo mejor está por llegar”. Pero coincidencialmente, el 29 de noviembre de 2020 como resultado de una investigación que venía realizando el PEPCA desde hacía meses, se destapa la "Operación antipulpo" que trajo como consecuencia un conjunto de apresamientos, allanamientos y sometimientos, de funcionarios del pasado gobierno e incluso de familiares del pasado presidente.

Luego, el 27 de febrero de este año manifestó: “En esta primera rendición de cuentas quiero resaltar los avances que ya hemos logrado, así como presentar nuestras ideas sobre el país que entre todos y todas estamos construyendo”. Sin dudas, ante los casos de sometimiento de algunas autoridades del gobierno anterior, la popularidad estaba en desarrollo y ascendiendo.

Llegado el verano, en julio, algunos sectores convocaron a una marcha contra el toque de queda y pocos días después el presidente Abinader anuncia desescalada gradual del toque de queda en todo el país, mostrando así sensibilidad y que se mantiene escuchando los reclamos de la sociedad. Sin dudas, una decisión atinada ante un conato de protesta, logrando salvaguardar la buena imagen del gobierno y el clima de gobernabilidad.

Cumplidos los doce meses del gobierno en medio de un proceso inflacionario en el que la mayoría de los productos de primera necesidad han subido de precio, así como también los materiales de construcción y otros rubros, habiendo establecido una marca histórica de endeudamiento en apenas un año de gobierno y mostrando una ineficiente gestión de ejecutar el presupuesto, al establecer un récord de apenas haber invertido el 6% del presupuesto en Obras de Capital (Inversión recetada para la más eficiente dinamización de la economía), el presidente Abinader, a pesar de que no era de ley, hace un discurso a la nación en el que pretendió hacer una rendición de cuenta, además de que continuó haciendo sus acostumbrados anuncios de nuevas obras, pero; lo más trascendental fue el anuncio de que hará 12 reformas estructurales para el bienestar de la gente.

La opinión pública, los medios de comunicación, los ciudadanos en las redes sociales y el liderazgo político no se hicieron esperar, en cuanto a señalar las pocas ejecutorias, el proceso inflacionario, el sobre-endeudamiento del país y la baja inversión en obras reproductivas. Luego, el gobierno evidenció las diferencias entre las cifras ofrecidas por el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo (MEPyD) y las presentadas por el Banco Central.

De inmediato, el gobierno reacciono llamando al inicio de un Dialogo Nacional con el objetivo de buscar un consenso que permitan reformas estructurales para el bienestar de la gente, que empezó el pasado lunes, con la asistencia de los partidos políticos del país con representación en el Congreso Nacional, una representación del Gobierno y la coordinación de la comisión ejecutiva del Consejo Económico y Social (CES).

Circo —«… circenses»—, de inmediato cesan las críticas, los cuestionamientos y las sugerencias al gobierno, comienza el dialogo, a pesar de que mientras se discuten 12 o 13 reformas, la mayoría de éstas ya se pactaron (Pacto Eléctrico, Pacto por la Educación), otros están en comisión (Reforma Policial, etc.) y otras el gobierno tiene su agenda elaborada (Constitución y Reforma Fiscal), pero se logró pasar la página y distraer la atención, ya no se habla del endeudamiento, ni de la inflación, ni mucho menos de las proyecciones del crecimiento económico. Ahora lo que logremos en ese dialogo será un logro del gobierno del PRM y lo que no se consensue, será un fracaso de los opositores.