Un caso: el Ministerio de Educación, penosamente rezagado en conectividad digital al contrastarlo entre entidades estatales.

Desde que llegó Internet a mediados de los años ’90, no hemos sido ajenos a la explosión casi exponencial de los servicios digitales disponibles a través de las empresas de telecomunicaciones. En casi el país entero se puede disfrutar de televisión en vivo en buena resolución desde Estados Unidos, Europa, China o Japón y un largo etcétera. Cualquiera con un teléfono inteligente y acceso a Internet posee una poderosa herramienta de trabajo y diversión. Los bancos están entre los negocios que más eficazmente han aprovechado la ubicuidad electrónica. Por ejemplo, ayer

la multinacional Mastercard reconoció al Banco Popular como el primer banco del Caribe, y de los primeros en Latinoamérica, que ofrece servicio totalmente digital a sus tarjetahabientes, desde solicitar hasta manejar las tarjetas. Ojalá ese liderazgo pueda ser emulado por otras empresas y también entidades públicas. Un caso: el Ministerio de Educación, penosamente rezagado en conectividad digital al contrastarlo entre entidades estatales. Es odioso comparar, pero lo que puede uno, ¿no lo puede otro? El liderazgo del Popular inspira a soñar...