Familia: si bien no es parte del Lema Patrio, es parte de la esencia que se nos inculcó en la vida y que con el ejemplo de familia hemos hecho nuestro.

Hoy sentimos la necesidad de manifestar nuestra posición respecto a los recientes acontecimientos, que como ha tenido a bien titular su artículo semanal el presidente Fernández: ¨La República Dominicana bajo ataque¨, sin dudas un titular y artículo que describe la amenaza a la que estamos sometidos.

Dios: En mi caso, como el de la mayoría de los dominicanos, provenimos de un hogar cristiano y fuimos educados con los preceptos de la religión católica que hoy por hoy seguimos profesando e incluso continuamos educando a nuestros hijos bajo las mismas costumbres religiosas y culturales.

Patria: Nacimos y crecimos en un país independiente de toda dominación extranjera, con autodeterminación y hemos sido educados en un hogar en el que siempre hemos respetado los valores patrios, además de que nuestro padre fue miembro del movimiento Duartiano.

Libertad: Desde que tenemos uso de razón se nos ha inculcado la lucha por la libertad del país, de los pueblos y de los ciudadanos, descendemos de una familia en la que, si no hay mártires, ha sido por la gracia de Dios y no por no enfrentar las amenazas contra ésta.

Familia: si bien no es parte del Lema Patrio, es parte de la esencia que se nos inculcó en la vida y que con el ejemplo de familia hemos hecho nuestro.

Estas cuatro expresiones o enunciados son sin dudas la emisión lingüística que definen la dominicanidad y a los ciudadanos dominicanos, de hecho, con el lema Dios, Patria y Libertad, Duarte definió el carácter de una nación que ya existía plenamente, y definió, además, la identidad religiosa del Estado que debería nacer sobre las cenizas de la dominación haitiana.

Como se ha podido observar siempre, pero aún más en los últimos días, la dominicanidad y nuestra autodeterminación son temas que unen a todos los dominicanos, empresarios, trabajadores, sindicalistas, mujeres, hombres, blancos, negros, indios, amarillos, dominicanos todos; pero además muchos de nosotros, humildes ciudadanos de la patria estamos en la plena disposición de pelear, matar o morir por cualquiera de los enunciados de nuestro Lema Patrio, además de por nuestras familias.

Las amenazas que se ciernen sobre nuestra nacionalidad, sobre nuestra cultura, nuestras costumbres, nuestras normas de convivencia y sobre nuestro presupuesto nacional, que amenaza el muy débil sistema educativo, el muy débil sistema de salud pública y, que provocaría un retraso sin precedente de cara a las metas de desarrollo de la nación, de cara al compromiso que tenemos todos, con tanta deuda social acumulada.

Las naciones desarrolladas que tienen el compromiso moral e histórico de asistir en su territorio, a nuestros vecinos y hermanos haitianos, deben entender que la solución no está dentro del territorio dominicano, y no porque seamos o no racistas, que sin ninguna duda, nos hemos cansado de demostrar nuestra solidaridad e incluso nuestro apoyo en el reclamo internacional; pero sí, por las razones que antes hemos descrito en cuanto a la insostenibilidad presupuestaria y porque sencillamente nuestra identidad cultural no coincide con la de ellos.

Pero quizás, lo más importante sería señalarles, que la inclusión de los migrantes haitianos en nuestro territorio ya ha comenzado a generar conflictos, esencialmente culturales, pero que han generado otros tipos de conflictos, que en la medida que sigamos desbordando el número de migrantes, seguirán acentuándose, hasta que más temprano que tarde desborde el control de autoridades alguna.

En República Dominicana tenemos un muy alto índice de natalidad, que supera el crecimiento de los nuevos empleos, provocando una carencia de oportunidades para nuestros jóvenes en edades productivas, acrecentando las desigualdades y sin duda generando cada vez más deuda social, principalmente en términos de educación y salud, que nos trae como consecuencia un crecimiento de la inseguridad ciudadana y otros males; por eso se hace insostenible aceptar más inmigrantes de otros países, en especial, de ciudadanos de bajo nivel académico, que resultan una carga para el Estado y que aportarían poco al país, al progreso y al fisco.

Todo lo anteriormente señalado, para manifestarle a los organismos que pretenden que el gobierno acceda a sus presiones, que los dominicanos nunca aceptaremos que este ni ningún otro gobierno acceda a tan incoherente pretensión internacional y que en tal sentido sepan que el presidente dominicano que quiera gobernar a haitianos debe irse para Haití, porque el territorio dominicano es de los dominicanos y no de los hermanos y vecinos haitianos, pero mucho menos de los organismos que pretenden esta aberración.

Y al Excelentísimo Presidente Luis Abinader Corona que siga adelante defendiendo nuestra Patria, nuestros Valores y nuestra Territorialidad, usted cuenta con la solidaridad de todos los dominicanos, sin distinción partidaria; pero ojo, que nunca perdonaríamos que este tema sea utilizado exclusivamente para mejorar la popularidad de nadie.