Ellos dos hoy impactan decisivamente sobre el modo de concebir, integrar y enseñar el canon occidental clásico, recogiendo así el gran legado de nuestro gran Pedro Henríquez Ureña para quien “el pueblo griego da al mundo occidental la inquietud del perfeccionamiento constante”.

Cuando en 1988 ingresé como alumno en New School for Social Research tuve que abordar el estudio de los grandes pensadores políticos con las carencias propias de una débil formación en filosofía, en contraste con mis compañeros de clase estadounidenses y europeos, con un fuerte background en la materia, forjado en los estudios en las “artes liberales” a nivel del “college” en el caso de los norteamericanos, y en el modelo del baccalauréat, común en gran parte de Europa continental. Aquello fue un verdadero “crash course” que, en ocasiones, asemejaba una terapia de choque de la cual apenas hoy me recupero con secuelas y de la que salí vivo aplicando técnicas de ingeniería inversa que me permitieron recorrer, a vuelo de pájaro y sucesivamente, por ejemplo, el pensamiento de Schmitt/Hobbes/Maquiavelo/Santo Tomás de Aquino/Cicerón/Tucídides, para ponerme al día con el resto de la clase.

Por esta experiencia personal, no pude ocultar mi alegría al ver que un académico nacido en República Dominicana y que emigró de 12 años a los Estados Unidos, Roosevelt Montás, profesor de Columbia University, autor de la rompedora obra “Rescuing Socrates: How the Great Books Changed My Life and Why They Matter for a New Generation”, reivindica el valor de estudiar los pensadores clásicos, incluso aunque no se sea un burgués conservador de derecha, fiel devoto del canon occidental de Allan Bloom y sus “hombres blancos muertos”, sino un miembro de la clase trabajadora buscándole sentido a su vida, su lucha y sus esperanzas.

Mi alegría no fue menor cuando veo que otro dominicano, llegado de 4 años a los Estados Unidos, el historiador Dan-el Padilla Peralta, quien, pese a su status de inmigrante ilegal, pudo tras mil y un avatares y peripecias -que dieron origen a su libro de memorias “Undocumented: A Dominican Boy's Odyssey from a Homeless Shelter to the Ivy League”- graduarse summa cum laude en Princeton, hacer un master en historia griega y romana en Oxford, doctorarse en clásicos en Stanford y agotar dos años de postdoctorado en Columbia University, siendo en la actualidad profesor de estudios clásicos y latinos en Princeton. En las antípodas de la posición de su compatriota Montás, Padilla Peralta considera que "lejos de ser extrínseco al estudio de la antigüedad grecorromana la producción de blancura se convierte, tras un examen más detenido, en algo que reside en los mismos tuétanos de los clásicos".

Montás y Padilla Peralta son una muestra significativa de la exitosa diáspora dominicana compuesta por miles de universitarios de origen dominicano que han sobresalido en Estados Unidos y Europa en los más diversos campos académicos, profesionales, de las ciencias, la literatura y las humanidades. Ellos dos hoy impactan decisivamente sobre el modo de concebir, integrar y enseñar el canon occidental clásico, recogiendo así el gran legado de nuestro gran Pedro Henríquez Ureña para quien “el pueblo griego da al mundo occidental la inquietud del perfeccionamiento constante”.

Ojalá la academia en República Dominicana se abra a los saberes interdisciplinarios de nuestros nuevos Pedro Henríquez Ureña con un “retorno de las yolas” (Silvio Torres-Saillant) que enriquezca nuestro sistema educativo con enfoques novedosos y frescos que consoliden una cultura humanista y plural sin la cual no puede consolidarse una ciudadanía verdaderamente democrática, nuestra identidad cultural y el patriotismo constitucional.