SANTO DOMINGO.- El pesimismo dominicano es una realidad documentada desde hace muchos años.

Basta con leer al filósofo y periodista puertoplateño José Ramón López, en la ``Alimentación y Las Razas, con prólogo de Joaquín Balaguer.

Otra vía documental es Cartas a Evelina, de Francisco Moscoso Puello.

A los dominicanos nunca nos va bien. Siempre estamos ahí, más o menos, tranquilos, entre Lucas y Juan Mejía, cogiendo pela, luchando.

Pese a todo, tenemos un espíritu aguerrido, y siempre hallamos una puerta en las peores crisis.

El mundo se nos desplomó en 2003 con la caída de tres bancos con malas prácticas, pero salimos.

Nos golpeó la crisis financiera internacional de 2008 y la rebasamos.

Mirando un poco más atrás, en los 90 nadamos contra la corriente de una crisis petrolera y salimos a flote.

Después de una guerra en 1965, en los siguientes años tuvimos un crecimiento imparable.

Vino la pandemia Covid-19 con todos sus misterios, interrogantes y expectativas y salimos a flote primero que todo el mundo.

Ahora mismo atravesamos una oleada inflacionaria global sin precedentes, pero saldremos adelante.

El dominicano es un ser socialmente inteligente, adaptable, paciente, lleno de esperanzas y de sueños.

A veces los malos políticos se aprovechan de estos atributos para engañarnos.

También sabemos castigarlos, expulsarlos del poder, esperar estoicamente para salir a votar en masas y resolver.

Siempre hallamos soluciones rápidas, nos levantamos de las cenizas, pero vivimos más o menos, ahí, luchando.